• Caracas (Venezuela)

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Vladimir Villegas

Maduro, la oposición y la usura

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El Papa Francisco  ha hablado desde hace varios meses  en forma contundente contra  la usura, la especulación y la corrupción, tres malignas raíces de un  mismo árbol que por cierto  tenemos sembrado en Venezuela, y la Conferencia Episcopal de nuestro país  fijó hace ya unos cuantos días una posición absolutamente consistente con las ideas del Santo Padre en torno a esta materia, razón por la cual es absolutamente pertinente que el tema se trate seriamente.

Más allá de las advertencias que hizo la cúpula de la Iglesia católica venezolana con respecto a los peligros     que pudieran derivarse de las medidas  adoptadas por el  gobierno contra  las desmesuradas alzas de precios en productos esenciales y no esenciales para los venezolanos,  lo resaltante es que existe una coincidencia entre la CEV y el presidente  Nicolás Maduro en cuanto a que la especulación, y su fase superior, la usura , son acciones absolutamente repudiables.

Es  un error que algunos líderes de la oposición  hagan análisis absolutamente temperamentales y hasta simplistas sobre el problema. Estamos de acuerdo con que las medidas anunciadas no van a combatir las razones de fondo que provocan la inflación, el desabastecimiento , la conducta irrefrenablemente alcista del tipo de cambio y otras señales de recalentamiento de la economía, pero es indudable que  pese  a la incertidumbre con respecto a lo que va a pasar cuando se acaben los inventarios,  las medidas de Maduro han generado una reacción positiva en una parte importante de la población, que ve una distancia del cielo a la tierra entre sus ingresos y el precio de  muchos de los productos  que necesita o aspira tener.

Muy pocos dirigentes opositores han asumido como necesaria la lucha contra la especulación y la usura, y el resto ha preferido minimizar este problema, como si no existiera o fuera sólo parte de la retórica del gobierno y no una real angustia de millones de venezolanos.   No es difícil imaginar lo que quiere la mayoría abrumadora de los ciudadanos: que realmente bajen los precios, no como descuentos ocasionales sino como algo permanente, y que paralelamente exista una oferta que supere o al menos iguale la demanda. Ello no lo puede  garantizar el gobierno en solitario, por mucho que quiera. No es algo que se logre a corto plazo.

Maduro se está “jugando  a Rosalinda” con estas medidas  . Si le llegaran a funcionar es probable que se consolide dentro y fuera del chavismo. Pero si en lo que baje  la espuma de los recortes de precios no hay capacidad real para llenar los anaqueles  no sólo de televisores sino de  alimentos y otros productos esenciales, se le puede enredar el papagayo., sobre todo si las colas  para comprar se convierten ya en un signo permanente de su gestión

La oposición corre el riesgo de retroceder dramáticamente si termina siendo percibida como una fuerza indiferente frente a lo que le pasa a quienes se enfrentan no solo  con la escasez sino con precios que van mucho más allá de lo razonable.

Ya el gobierno está impulsando una política, y sus resultados concretos aún están por verse. En el caso de la oposición, lo que hay son  respuestas evasivas y casi ninguna propuesta concreta.  Insisto, así como Maduro corre el riesgo de vérselas muy mal si fracasa su estrategia contra la especulación y la usura,    en cuanto a los opositores,  la política del avestruz frente al problema amenaza con convertírsele en un verdadero karma, sobre todo si al Presidente  le suena la flauta.

Mientras tanto, las grandes mayorías siguen esperando que el  gobierno, organismos empresariales y trabajadores se sienten a la mesa para tratar de hacer bien la tarea de recuperar la economía, bajo el principio constitucional de la corresponsabilidad. Es, insistimos, una misión imposible en solitario.