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Pedro Conde Regardiz

Maduro: naufragando y cavilando

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Ya entre ambos mundos políticos había admirado al “comandante eterno”. Pensaba en su aureola como la vuelta que el sol gira por el uno y por el otro hemisferio. Brillante círculo en cuyo cristalino centro yace engastada una perla del mundo o una esmeralda de la tierra, un gran país en términos de recursos, pero pequeño por la pequeñez mental de sus líderes, tanto, que un expresidente decía, que como nación no tenía nada que buscar en la política internacional. Se le dio nombre augusto, para que fuese cima de América del Sur, geopolítica del Caribe. Sirve, pues, Venezuela de semillero petrolero para alimentarse y alimentar los países en ruina por la corrupción. Con ventas y donaciones francas sugeridas y protegidas por la divina clemencia en medio de inmensos golfos y de revueltas políticas y marinas localizadas desde la Barra de Maturín.

Aquí, golpeando las olas, partiendo el aire con los suspiros, recibiendo los vientos huracanados de las corrientes de la vida política, más los desaires de mi infortunio, mal sostenido en una tabla, deseo solicitar puerto para un náufrago, prefabricado por “el eterno”, pero monstruo de la suerte, en los confines de la vida insoportable que me proporciona Dieudonné. ¡Quisiera ser el Cid Campeador!

¡Oh, vida! No has debido comenzar así en Miraflores, pero ya que comenzaste no deberías acabar. No hay cosa más frágil ni más deseada que sentarse en Miraflores. Y el que una vez la pierde, no la recupera. Desde hoy veo que te escapas. Madrastra se mostró conmigo la naturaleza, ya que por la gracia de Dios imaginé que Diedonné se zambulló en el río Guanipa, lo pinchó una baba, yo no sé qué, un temblador, ¡una raya!, lo que le quitaron de arrojo no se lo compensaron con sabiduría, acaricié la idea de su aturdimiento. Que volviese a lo que era, un campesino de El Corozo, a trabajo social como Berlusconi, para que no se perciban los bienes mal habidos, fuente de los males que se conjuran en nuestro entorno. ¡Oh, tirano mil veces de todos nosotros, de mí que con escandalosa temeridad fié mi vida en una frágil tabla al inconstante mar de la incertidumbre política surgida de las corrientes marinas de la  lucha por el poder, más bien, de la pelea por una ración de la torta petrolera. ¡Ajá! El padre Urosa me dijo: Acuérdate de Daniel en el foso de los leones. No olvides: Nautae prudéntia procellam puperat.

Vestido de aceros me dijo el “galáctico” que me dejaba el pecho, yo digo que de “mastique”, no resiste la agresividad del revoloteo de estos cuervos. ¡Ah! Llamaré a mi padrino para que me traiga los corotos y agarraré la sartén por el mango: nada de seguir rogando que me reconozcan, ni que sigan refiriéndose a Cilia como “mi señora”, tiene que ser como Juan Carlos a Sofía, “mi mujer”, ¡acaso soy esclavo o sirviente, carrizo! Es verdad que no sé mandar. En la casa no había domésticas ni papá tenía fincas con peones, pero eso se aprende con mi padrino. Además, aquí tengo un libro, nada menos que por Gregorio Marañón, que me regalaron en España: El conde-duque de Olivares (La pasión de mandar).Lo estudiaré.

Y voy a pedirle a uno de estos afrancesados que me regale un ejemplar de L’ homme revolté de Albert Camus. Soy yo frente a la historia para remendar el capote roto por Chávez. Dar, pues, la “patada histórica”. Como Carlos Andrés a Betancourt. ¿Por dónde comienzo? Aprovechar la tabla que me lanza la MUD y llegar a tierra, mirar al cielo para agradecer. Ahora mostrar lo que es el poder conquistado. Bueno, crear confianza, blindar la propiedad privada con una ley utilizando la habilitante. ¡Retornarán los capitales! Debo tomar la iniciativa para la paz. Soltaré los presos políticos. Muchos no son míos, son de Chávez, pero ya no está. Esto sería la verdadera distensión social y política, crearía un clima prometedor para los negocios, para relanzar el país. Ahora que ya casi Santos perdió en Colombia, me distanciaré de Cuba, cuyo principal logro es tener las cárceles llenas de presos.

Devolveré fincas y empresas expropiadas. Reorientaré la industria, la agricultura de puertos. Redimensionaré el Estado. Descentralizaré. Crearé empleos para la juventud. Desmantelo poco a poco el control de cambio. Brasil no debe desplazar compañías e ingenieros venezolanos. Renegociaré con China, la sacaré de Guayana. Proveeré el papel de periódico. ¡Umjú! Pero primero, ¿qué hago con Dieudonné?, viene el congreso del partido, ¿mandarlo a comer talcarí de lapas en el Guarapiche? No, mejor que haga el trabajo social; ¿qué hago hablando con tanto bruto y desmemoriado? De ahí no saco nada. Buscaré a la crema y la nata de la inteligencia, como mi general Gómez. Entonces saco al vice que, según Torres, ni aporta ya lo de las entrepiernas; al petrolero con las cuentas en Suiza, así como al italiano que quiere comprar Ferraris pintados con los colores de la bandera, cínico, como los Castro (viendo hacia el cielo piensa que así es como fracasan las revoluciones, en parte), a Irene, no resisto que me vea, me empava con su cara de mastina, al tonto de educación creando problemas. Los ministros están para resolver no para crear dificultades. La economía despegará, bajará la inflación, se tranquiliza el bolívar, habrá gobernanza, tendrá sentido la democracia y llegaré al 2019.