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Héctor Silva Michelena

Maduro, mentiras y la patria boba

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En 1991, el gran Luis Castro Leiva escribió De la patria boba a la teología bolivariana, Monte Ávila, 1991, comentado por Alirio Rosales en Tal Cual (3/5/2001). Si en aquel momento el libro era de una radical actualidad, transcurridos más de once años desde su publicación, se convierte en un paradigma crítico de la llamada revolución bolivariana, con el lema inicial: “Patria, socialismo y muerte”, impuesto a la FAN.

A través de sus siete ensayos, el lector podrá encontrar una reflexión sobre la filosofía política de nuestra historia republicana que en el momento presente ha de hacerse obligatoria.

Señala Castro Leiva que, ante todo, el carácter simbólico de Bolívar tiene su asidero en el universo de las creencias del venezolano común. En ese universo, la manera en que se piensa y se proyecta la figura de Bolívar, se encuentra inmune frente al análisis y la lógica. De allí que patria, nación y Bolívar sean sinónimos, bases del culto y la divinidad del héroe.

Se da una igualdad entre la felicidad y la vida de un hombre que es su padre histórico. El nexo, entre estas manifestaciones del pensamiento ciudadano, es el nacimiento, la vida y muerte del Libertador; se define por un fin último, el de realizar el pensamiento del hombre como “nacimiento, muerte y resurrección de la libertad”. Nuestra conciencia se convierte en religiosa, y la necesaria comprensión histórica de Bolívar, en un mito. Chávez ha entrado a ese cielo; y Maduro, cual buen mercader, se vende como “hijo de Chávez”. No admitirlo es condenarse al gulag o al apartheid político.

Recuérdese que la Patria Boba es el periodo histórico de Colombia que se inicia con la independencia de Santa Fe de Bogotá el 20 de julio de 1810 y termina con la reconquista española de 1816. Se caracterizó por la formación de muchas juntas de gobiernos independentistas y el sangriento conflicto entre patriotas centralistas (como Antonio Nariño) y federalistas (como Camilo Torres). Esto llevó a la reconquista del virreinato por los españoles.

El Tribunal Supremo ha hecho dos veces presidente a Maduro, el 10 de enero y el 8 de marzo, lo que significa asignarle una calidad institucional ilegítima que le hace competir con inmensas ventajas. Como diría la jurista del proceso y del horror, Luisa Estella Morales: “No podemos seguir pensando en una división de poderes porque eso es un principio que debilita al Estado”. El evangelio Morales sigue a Andrei Vyshinsky, fiscal general de la URSS, quien sostenía que la separación de poderes era una doctrina burguesa, pues el Estado-partido es indivisible.

 Aquí, en estos momentos de farsa y engaños, traiciones y mediocridades, que un hombre inculto y pernicioso como Maduro diga en uno de sus cansones discursos que Bolívar “murió en tierra extraña” sin siquiera una camisa propia que ponerse… como murió Chávez, es por supuesto también otra mentira, porque el caudillo viajaba con todo lujo. Chávez no sólo no careció nunca de nada, hasta un avión que lo llevaba y lo traía, médicos de todas partes del mundo, y si no se cambiaba el mono deportivo era porque no quería.

Ahora descubre Nicolás que “a lo mejor lo que queda del cadáver no puede ser embalsamado”. ¿Otra mentira? Nunca se embalsamó. ¿Se podrá ver así el cuerpo “hasta la eternidad”, Nicolás?

 ¿Creerá Nicolás que los venezolanos formamos una patria boba? En Colombia fue la pugna entre centralistas y federalistas lo que engendró una patria boba. En Venezuela, Nicolás insiste en ahondar en esta pugna entre bolivarianos y demócratas. ¿Quieres una guerra civil, una dictadura de izquierda o de derecha? La patria boba, Nicolás, te vencerá el 14 de abril.