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Freddy Lepage

¿Maduro ganó?

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No es tarea fácil hacer una valoración precisa de los resultados de las elecciones del pasado domingo. Ya que, amén de los votos obtenidos por los candidatos postulados por la MUD y el PSUV y sus aliados, hay que agregarle la cantidad obtenida por los disidentes de ambos lados, lo que permite que se hagan lecturas de acuerdo con la posición política de cada quien. Eso resulta evidente ante un escenario tan complejo y variopinto.

Según las cifras “sesgadas” suministrados por una vacilante y, por momentos confundida, Tibisay Lucena, complementados con los de la página web del organismo electoral, se puede colegir que los sufragios no favorables al oficialismo (incluidos los de la MUD y los de otros aspirantes no afectos al régimen) sumaron 5.494.356 (51,31%), mientras que el PSUV y sus aliados, obtuvieron 5.213.190 (48,69%). Números que, evidentemente, contrastan con las presentadas por la jefa del organismo comicial, quien leyó –de manera intencional– solamente los votos obtenidos por la MUD, para dar la falsa impresión de que había ganado el gobierno. Esta triquiñuela de la rectora del CNE, tuvo sus afectos ya que los medios internacionales inicialmente lo reseñaron de esta forma.

El chavismo sin el finado perdió 25 alcaldías (en 2008 tenía 280, ahora tiene 255), lo cual es una merma importante, si incluimos las derrotas sufridas en las principales capitales del país; es decir, que la revolución bolivariana muestra una peligrosa tendencia a reducirse, gradualmente, a las zonas más apartadas y empobrecidas; donde, dicho sea de paso, la alternativa democrática tiene una menor cantidad de testigos que son hostigados y amenazados sin clemencia. Mientras que la oposición pasó de 55 alcaldías en 2008 a 75 (creció 36,36%), y los llamados disidentes (?) alcanzaron 7.

Quiero aprovechar la oportunidad para hacer un reconocimiento a aquellos testigos de mesa representantes de los partidos integrantes de la MUD que, haciendo de tripas corazón y enfrentando todos los riesgos que ello significa, asumieron y cumplieron su papel con entrega, coraje y determinación, a pesar de todos los atropellos de una cúpula gobernante que no se detiene ante nada a la hora de defender sus privilegios y canonjías.

Igualmente, la interpretación obligada, sin discusión alguna, es que, luego de tres lustros de resistencia civil y pacífica, la sociedad democrática se mantiene incólume en la defensa de sus derechos, no obstante las trampas, el ventajismo y la violencia institucional de quienes se creen dueños absolutos del poder, amparados en el monopolio de la fuerza. Sin embargo, también es de destacar la polarización inducida, utilizada por Maduro para aglutinar y motivar a sus (en un momento, alicaídos y hasta confundidos) seguidores.

Ahora bien, el emblemático descalabro en Barinas podría ser interpretado, por su trascendencia, como un fracaso del grosero y oportunista decreto del Día de la Lealtad a Chávez, “casualmente” a celebrarse el 8 de diciembre. A ello hay que añadirle la abstención (40%), a pesar de la coerción y de la gigantesca movilización del PSUV con la utilización de vehículos de Pdvsa y de todos los demás entes del Estado, incluido el uso y abuso de las cadenas de radio y televisión, de la propaganda política descarada violatoria de la normativa legal electoral y, last but not least, la autocensura de la gran mayoría de los medios de comunicación que, en la práctica, convirtieron en invisible la heroica campaña desarrollada por Henrique Capriles a favor de los abanderados de la MUD. Entonces, ante estos resultados, vale la pena preguntarse, ¿realmente ganó Maduro? Personalmente creo que no.