• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Freddy Lepage

Maduro se equivocó

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La fuerte represión ejercida por la Guardia Nacional, los cuerpos de seguridad del Estado y los grupos oficialistas paramilitares armados contra lo que inicialmente fueron unas protestas estudiantiles en Táchira y Mérida ha multiplicado, prácticamente en todo el territorio nacional, las quejas y disconformidades de la gente contra una pobre gestión de gobierno que no atina a remediar los grandes males que hacen invivible el quehacer diario de los venezolanos. La fortaleza y contundencia de la réplica ante la barbarie y abusos vesánicos de extrema violencia ha agarrado por sorpresa al régimen, a tal punto de que se encuentra acorralado sin saber qué hacer más allá de entrar en una cruel y peligrosa escalada represiva con el apoyo de la Fiscalía General y los tribunales como cooperadores de tales despropósitos imputando delitos que se caen por su propio peso.

La rebeldía juvenil ha servido de catalizador para que la gente exprese las frustraciones y arrecheras contra un gobierno que no hace sino agredir y amenazar a diestra y siniestra, sin importarle un bledo el sentir de una ciudadanía pacífica que (de repente) ha despertado para defender su derecho de vivir en democracia y libertad, sin restricciones y maltratos de ningún tipo. El apoyo a la comunidad estudiantil ha sido manifiesto e irreversible.

Podríamos hablar de las mayorías silenciosas que ahora se atreven a alzar su voz con fuerza, hartas de lo que está ocurriendo. De tal manera que aquellos que creyeron que sacar la policía a la calle sería suficiente se han equivocado. Han hecho una lectura errónea de las causas de la protesta y de la forma de combatirla. En estos últimos 20 días ha habido 19 muertos y más de 986 detenidos; sin embargo, esta circunstancia sombría no ha podido paralizar los justos reclamos de quienes se sienten acorralados por un régimen que pretende instaurar un comunismo a la cubana en un país muy complejo, con un profundo arraigo democrático, a pesar de 15 años de arremetidas autoritarias para amansarlo a trancazo limpio.

Ya las inocultables violaciones de los derechos humanos ha encendido las alarmas en muchos países del continente (algunos lo han expresado abiertamente, tal es el caso de Panamá que solicitó una reunión inmediata de la OEA para tratar el tema, y otros con más cautela también han hecho lo propio). La propia ONU ha pedido explicaciones sobre las denuncias de excesos militares que no se pueden ocultar. Los ojos del mundo están sobre Venezuela. El canciller Jaua tuvo que hacer una gira al Mercosur para buscar apoyo para las tropelías de un régimen que, a juzgar por los hechos, está debilitado y, de seguir así, entraría en fase terminal.

Las barricadas de la libertad se multiplican demostrando el descontento popular hasta en los barrios que están sometidos a un fuerte control social ejercido por bandas armadas para intimidar y sembrar el terror amparados en el apoyo ostensible de las autoridades. Pero el malestar causado por el manejo irresponsable de la economía sigue creciendo de manera exponencial hasta el punto de originar (de no aplicarse las rectificaciones necesarias) una explosión social de grandes proporciones con consecuencias impredecibles.

Capítulo aparte merece el llamado al diálogo de quienes se sienten con el agua al cuello. ¡Pero! qué manera más particular de buscar la tan ansiada concordia entre los venezolanos mientras se agrede a los ciudadanos de manera brutal y despiadada. No hay justicia ante los asesinatos ocurridos y ante las torturas sufridas relatadas por los jóvenes salvajemente agredidos y vejados. Cegarle la vida a un ser humano nunca tendrá justificativo alguno, independientemente de la posición política que tenga. La vida como la paz son derechos humanos universales irrenunciables.