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Andrés Cañizález

Maduro encadenado

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Durante el año 2013 vimos la consolidación de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela. Por razones que no analizaremos acá, la discusión sobre su legitimidad es un asunto sencillamente opacado en el panorama político actual. Una razón primordial, más allá de las explicaciones políticas e institucionales, para que Maduro se entronizara como jefe de Estado debe buscarse en la dimensión mediática. Para decirlo rápido, el aparato comunicacional del Estado junto al control sobre los medios privados, especialmente de televisión, resultaron factores determinantes para esa consolidación del madurismo en el poder.

La herencia de Hugo Chávez no consistió solamente en dejarle un partido, un apoyo incondicional de sus militantes o el control sobre el Estado, sino que también le dejó el monopolio de la palabra pública, un asunto crucial en cualquier acción política en las sociedades contemporáneas. El poder de Maduro está cimentado en su presencia mediática, potenciada en 2013, junto a la invisibilidad de las voces disidentes y en particular el eclipse mediático que pesa sobre Henrique Capriles Radonski.

Esta preeminencia de la dimensión comunicacional como acción de gobierno, es lo que explica que en estos meses de 2013 tuviésemos a Maduro con un promedio de exposición televisiva de dos horas diarias, sí, 120 minutos –en promedio- cada día. Si asumimos que una jornada laboral promedio ronda las ocho horas, el jefe de Estado le dedica una cuarta parte de su tiempo como gobernante a mostrarse en tal función a través de la pantalla chica. Ha sido una estrategia que debe verse más allá del papel mediático que tuvo en su momento Chávez. Maduro necesitaba que el país le conociera y le aceptara, y eso es lo que ha ocurrido en 2013. Ya dirá el tiempo por venir si tendrá la capacidad de mantener el barco a flote, en medio de lo que será un tormenta económica de grandes magnitudes, pero logró su objetivo. Pasadas las elecciones municipales de diciembre, que se presentaban un desafío importante, Maduro salió victorioso. Con la economía hecha pedazos, pero en el poder. Y definitivamente, ganó tiempo.

Las cifras sobre la presencia televisiva de Maduro en 2013 pueden verse en la sección del cadenómetro de la iniciativa Monitoreo Ciudadano a través de la web en http://www.monitoreociudadano.org o en Twitter @cadenometro. La aparición televisiva de Maduro tiene dos facetas: Entre el 1 de enero y 31 de diciembre de 2013 Nicolás Maduro habló 169 horas en cadena nacional de radio y TV, lo cual equivale a 28 minutos diarios. Las cadenas nacionales de radio y televisión le permiten al jefe de Estado monopolizar la palabra pública. Ninguna otra voz, ningún otro mensaje puede transmitirse por toda la radio y televisión de Venezuela mientras existe una cadena.

La televisión por suscripción, que llega a la mitad del país, no se encadena ciertamente, pero temo que hacia allí pueda apuntar una estrategia que sencillamente busca ir cercando el mundo comunicacional de forma paulatina, como de hecho ha ocurrido.

Maduro suma más horas en cadenas que Chávez. En 2012 el número de horas de cadenas fue de 145, lo cual implica que en 2013 hubo un aumento de exposición a través de este mecanismo coercitivo.

La otra estrategia es el uso de la señal del Estado Venezolana de Televisión (muchas veces retransmitida por otros canales): Entre el 1° de junio y el 31 de diciembre Maduro habló 295 horas a través de la señal de VTV, eso quiere 94 minutos diarios, algo más de hora y media. Mientras Maduro tiene todo ese espacio, la dirigencia de la alternativa democrática está reducida a reseñas de un minuto en los noticieros de televisión. Se trata de una asimetría sin igual en el terreno mediático.

La alternativa democrática, y aquí me incluyo junto a cada ciudadano demócrata de este país, debemos repensarnos comunicacionalmente. Maduro reforzará su control sobre los medios tradicionales y las activas redes sociales sólo llegan a 10% de los venezolanos. Se trata de un enorme desafío.