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Antonio Ecarri Bolívar

Maduro, ¿quiénes no deben volver?

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Me dirijo en esta oportunidad, directamente, al presidente de Venezuela, porque en sus manos está el futuro inmediato de la nación, su pacificación o la catástrofe, y esto último es lo que tratamos de evitar quienes aún creemos que el sentido común debe ser el “más común de los sentidos”.

En la primera ronda del diálogo entre el gobierno y la alternativa democrática representada por la MUD (sí, representada por quienes obtuvieron más de 7 millones de votos en las elecciones presidenciales pasadas, lo que legitima su liderazgo, sin duda alguna), Henri Ramos le dijo al presidente una verdad incontrovertible: “En sus manos, en las de más nadie, está la salida a esta tremenda crisis”. Entonces veamos, señor presidente, quiénes son los que no deben volver al poder en Venezuela, habida cuenta de que sus partidarios se la pasan vociferando la consigna: “No volverán”.

La política de economía planificada, estatista y centralizada fracasó rotundamente en todas partes del mundo donde fue aplicada –eso ya usted debe haberlo entendido, señor presidente, a estas alturas de la crisis de desabastecimiento que ha originado ese desatino–, porque en la URSS se desplomó sin disparar un tiro; en China se dieron cuenta después del desastre de la “Revolución cultural maoísta”; en Vietnam rectificaron, y en Cuba se desesperan por ver cómo le dicen a su pueblo que las razones por las cuales fusilaban a sus compatriotas son las mismas que ahora deben aplicar para salir de la hambruna a que sometieron a su gente. Solo los estúpidos no cambian de opinión.

La última frase del anterior párrafo la tomé prestada del libro que contiene la entrevista que Alonso Moleiro le hizo a Teodoro Petkoff, en el año 2006, y que se inspira en la famosa frase del pensador inglés John Locke. Esa frase, afirma certeramente Moleiro: “Es una interesante manera de tronar en contra de una monserga secular del pensamiento doctrinario empeñada en hacernos pasar como un mérito digno de ser seguido que las personas pierdan cincuenta años de sus vidas defendiéndose de la realidad, artificio este que suelen denominar ‘fidelidad a las ideas’: las cuatro verdades que han inspirado a un dirigente político en su adolescencia en estado incontaminado, aisladas del universo en una cápsula de formol. No se trata de tener puntos de vista, sino comportamientos de feligreses. No se discuten evidencias, se postula verdades reveladas”.

Si usted, presidente, sigue atado a esas “verdades reveladas”, según las cuales los pobres no son perfectamente capaces de trabajar, ahorrar, invertir y mejorar sus vidas con su propio esfuerzo –léase emprendedores– y que solo deben ser receptores de servicios y bienes de la beneficencia, los que terminarán pagando en mucho más de lo que valen, por medio de devaluación e inflaciones, estará cavando su tumba y, lo que es peor, la de millones de venezolanos. Convénzase de que es necesario impulsar una economía mixta que estimule la competencia, que el Estado intervenga solo para corregir los abusos monopólicos capitalistas y ayude a los emprendedores, que es la nueva clase social en ascenso a la que se debe proteger.

Lo que no deberá volver, señor presidente, es el modelo productivo neocomunista plasmado en el denominado “Plan de la Patria”, basado en una economía estatista y centralizada. Lo que no debe volver es la ideologización de nuestros hijos, plasmado en ese “plan”, según el cual, la educación debe centrarse en valores socialistas contrariando el pluralismo educativo garantizado en la Constitución. Lo que no debe volver, en el plano político, es la profundización de un Estado creando nuevas figuras como los jefes de ejes territoriales, de la federación y confederación de comunas, todos mandatarios de libre designación del presidente y no del voto sagrado del pueblo, contrariando el mandato popular plasmado el 2 de diciembre de 2007. Lo que no debe volver son las expropiaciones de empresas productivas y la importación masiva de bienes que ha creado una “boliburguesía” corrupta y corruptora.

Quienes no deben volver en definitiva, señor presidente, son las ideas atrasadas del comunismo decimonónico condimentadas por las mafias importadoras, así tenga usted que romper con los atrasados que pululan a su alrededor. Recuerde que solo los estúpidos no cambian de opinión y, en consecuencia, hunden a sus pueblos y terminan fuera del poder.