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Gustavo Tovar

Maduro: El chavismo soy yo…

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Los inciertos caprichos de una pasión

Algún día se conocerán los secretos –de alcoba– que involucraron la última decisión de Hugo Chávez de dejar como sucesor del trono revolucionario al inefable Nicolás.

Sabemos que fue una decisión sentimental y no política. Si hubiese sido política habría legado tamaña responsabilidad a alguien más preparado o cuando menos simbólico como su hermano Adán (como lo hizo Fidel), a cualquiera de sus hijas, a algún militar del 4 de febrero o a algún socialista con algo más de respeto y talante revolucionario, nunca al bobalicón del pajarito (por cierto, lleva tiempo sin trinar, ¿será que Chávez ya ni se le aparece?).

Pero no lo hizo, los inciertos caprichos de una pasión a veces se imponen en la historia de la humanidad y, como sabemos, derrumban naciones y hasta civilizaciones.

Sansón se venció a Dalila, París raptó a Helena y ardió Troya, Marco Antonio perdió Roma por Cleopatra y Chávez arruinó su revolución por Nicolás.

Lo sé: soy un hereje irremediable; otros también lo son.

 

La herejía de Giordani

Me sorprendió la carta de Giordani por su mesura y honradez. No fue un cínico, fue más bien otro perturbado y nostálgico ideólogo de la catástrofe marxista. Otro más.

Discípulo de Keynes, en su “Testimonio y responsabilidad ante la historia” Giordani nos relata sin vergüenza alguna cómo devastó la economía del país en su momento de mayor abundancia histórica, endeudándose, malbaratando el gasto público, usando recursos para campañas políticas y para soliviantar las imaginarias guerras económicas que solo él y Chávez libraban con sus hambrientos socios “capitalistas”, los boliburgueses.

Los resultados manifiestos de su espejismo económico saltan a la vista: escasez, desabastecimiento, inflación, derrumbamiento de la producción nacional, dependencia absoluta de las importaciones y todos los problemas sociales que de ello se derivan: desempleo, corrupción, delincuencia, hambre, analfabetismo, injusticia y desestabilización.

Lo curioso, o peor, lo trágico, es que en la larga justificación que hace de su devastador delirio económico, Giordani nos alerta: Maduro es aún peor que yo.

Lo sabemos, lo padecemos, no dijo nada nuevo.

Sin embargo, entre líneas uno desglosa algunos silencios y muchas dudas, en especial me detendré sobre un comentario que avivó mi sospecha sobre el férreo control –secretismo– que ejerció Nicolás durante la enfermedad y extraña muerte de Chávez. Por lo que vi, Giordani lo comparte.

Si se lee su carta con atención y se compara con lo que fueron los pronunciamientos oficiales de aquellos días corroboramos una denuncia permanente que hicieron los medios de comunicación y que el chavismo se resistió a creer: Maduro le mentía descaradamente al país.

No solo en lo que se refería al gravísimo estado de salud de Chávez, sino principalmente en cuanto al fingido hecho de que, casi muerto o muerto, Chávez seguía gobernando, firmaba documentos y hasta administraba la economía del país.

Entre insinuaciones y reticencias, pero con fechas y argumentos, Giordani hace una revelación sin precedentes dentro de las filas del chavismo: “En la medida en que la salud del presidente se vino haciendo cada vez más complicada, la ausencia de un contacto directo con su persona, y las permanentes mediaciones a través de algunos en particular hicieron cada vez más distante la toma de decisiones, su contenido y el tiempo para ser llevadas a la práctica”.

¿Quién fue ese “mediador” predilecto, el hombre que en el lecho de muerte lo vio caminar, le tomó la mano con ardor y entre morisquetas dialogó con él durante cinco inimaginables horas? Nicolás Maduro.

En su carta Giordani fue respetuoso y no levantó si quiera un insulto en contra de Maduro, sin embargo este inexplicablemente lo llamó “traidor”.

La herejía de Giordani fue su pensamiento crítico, pero más que ello fue su duda razonable sobre lo qué pasó realmente con el comandante Hugo Chávez Frías y sobre cuál será el destino del despelote este que ellos llaman revolución.

Giordani lo señala sin ambigüedades: Maduro improvisa, no tiene ni comparte liderazgo, pretende cambiar todo lo que hizo Chávez hasta que se enfermó y murió.

No sólo lo señala, lo razona a su modo.

Uno se pregunta ¿a cuenta de qué Nicolás se siente y actúa como si él fuese la mismísima revolución?

 

Maduro: El chavismo soy yo…

¿Qué esconde Maduro? ¿Qué callaban Chávez y él? ¿Cómo logró Nicolás que el pronunciamiento póstumo de su amado comandante hiciese que toda una supuesta “revolución” gire en torno a un inexperto como él? ¿Cómo se explica un chavista medianamente racional tanto disimulo en esta relación?

¿De ser un simple guardaespaldas a ser el elegido para controlar la revolución, además de manera incontrovertible y acrítica?

Ante el más mínimo reproche, por más respetuoso y razonado que sea este, un enfurecido Nicolás salta y llama “traidor” a uno de los más representativos y comprometidos líderes del chavismo, lo estigmatiza y condena.

¿Qué le espera a los demás chavistas, a los menos iconográficos? ¿No había arriesgado su vida Giordani por salvar a Chávez cuando el golpe de abril de 2002; ahora es un traidor porque criticó a Maduro?

Aquella plenitud de luna llena que inspiró a Chávez a preferir a Maduro como su sucesor pese al hecho inconstitucional de su doble nacionalidad (se sabe que es colombiano y venezolano), pese a que no tiene profundidad ideológica ni liderazgo político, pese a que es un analfabeta e improvisado en temas económicos, pese a que era el hazmerreír de las Fuerzas Armadas (secretos de alcoba), no solo tiene a la deriva al chavismo, sino a Venezuela.

Maduro es un político farandulero y “pop”, si algo es. Sus deficiencias intelectuales y morales son inocultables. Como líder, por sí solo, es incapaz de movilizar ni a cien personas. Es comidilla y hazmerreír mundial, hasta sus cercanos aliados como Lula o Correa lo censuran. Es una vergüenza total.

¿Cómo llegó ahí?

Giordani lo critica y Maduro le responde: El chavismo soy yo.

Pregunto: ¿realmente Maduro es el chavismo o tan solo es el incierto capricho de una pasión?

Es sorprendente, pero obvio. Con el tiempo lo será aún más.

El secreto de alcoba pronto se dilucidará.