• Caracas (Venezuela)

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“Agradezco al equipo de ministros que el día de hoy a puesto (sic) su cargo a la orden como un gesto que me facilite los cambios necesarios”. Con ese tweet Maduro anunció que había solicitado la renuncia a sus 33 ministros. No sabemos si también ese “gesto” fue seguido por sus 106 viceministros y el “bojote incuantificable de jefes de corporaciones e institutos”, de acuerdo con la queja de José Manuel Correa en Aporrea (18-08-14), al argumentar que “esta desmesura burocrática se ha mostrado, si no reacia a los cambios, por lo menos incapaz de hacerlos eficazmente”. Correa repasa la “incuantificable” lista de centros, misiones, comunas, consejos y órganos adicionales, cada uno “con jefes y directores”. Hay funcionarios, dice, que aparecen no menos de seis veces en diferentes cargos: “Los que sentimos que la revolución entró en estado de sospecha –concluye el desencantado Correa– pensamos que esta esquizofrénica nomenclatura… lo que intenta es crear la imagen de que la élite que maneja el poder está trabajando que jode”.

La convicción de que Maduro no da para más ha sido asomada insistentemente por chavistas y opositores en estos días. Hasta Schemel, encuestador del régimen, acaba de anunciar que al “gobierno se le acabó el tiempo…la popularidad de Maduro ha bajado 18 puntos… Hay un clima generalizado de incertidumbre y malestar en toda la población, debido a todos los problemas económicos y sociales que atraviesa el país” y cita un maquillado 53% en desacuerdo con el aumento de la gasolina. Otros sondeos registran hasta 73% de rechazo, unido al cese de la “regaladera” de los más de 100.000 barriles diarios de crudo a Cuba y fijar precios del mercado para Petrocaribe. Datanálisis publica 80,2% de calificación negativa sobre la situación del país y Delphos encuentra que las clases más pobres culpan al gobierno de la escasez y la inflación que sufren.

Dos signos que han acompañado los 15 años de “revolución” –la ineptitud y la corrupción– se salieron de madre con Maduro, además de la represión. Ya en las redes aparecen los términos “ineptocracia” y “chorocracia” para definirlos. El “nuevo” gabinete tendrá los enroques e ineptos de siempre y un despilfarro que desoye clamores como el de las sociedades científicas que exigen declarar emergencia sanitaria porque en hospitales y clínicas no hay insumos, ni equipos y los enfermos mueren por falta de tratamiento. Han sido aprobados créditos adicionales por 280.073.547.814 millones de bolívares (creció 151,8% respecto a 2013) de los cuales el Minci recibió 1.443.778.418,20 para “enfrentar la guerra psicológica”, es decir, para propaganda oficial, monto 13 veces mayor que en 2013, y así muchos casos más. Los créditos a Pdvsa han arruinado al BCV (en julio alcanzaron 81.881 millones de dólares). Ramírez nos miente sobre Citgo y su venta, las ganancias y producción de Pdvsa e inversiones y monto de la deuda. Las últimas subastas del Sicad no han dado detalles sobre los beneficiados por más de 4.000 millones de dólares y las nuevas empresas de maletín. La corrupción sigue.

Los méritos de médicos, ingenieros, internacionalistas, maestros y otros venezolanos han sido ignorados. Cuba nos ha llenado de falsos médicos, China de obreros, en desmedro de los nuestros. Bielorrusia –país más atrasado de Europa y con dictadura feroz– anuncia que “construirá en Fuerte Tiuna 157 edificios”. Se ha estimulado la ignorancia y la subordinación, por sobre el conocimiento y la capacidad. El resultado lo sufrimos a diario: servicios colapsados, hospitales agónicos, escuelas derruidas sin Plan de Alimentación, miles de empresas y fincas quebradas por los exprópiese y la rapiña oficial, comercios y mercados vacíos, justicia entregada al poder y delincuencia desbordada: “Crímenes macabros estremecen Caracas” tituló este jueves El País de Madrid. La prensa extranjera destaca la violación de los derechos humanos en Venezuela, los privilegios de los narcos locales y el despilfarro de los inquilinos de Miraflores y La Casona en gastos ofensivamente lujosos, mientras el pueblo pugna en colas enormes por conseguir un kilo de leche.

Maduro anuncia la consolidación de Cubazuela: los alimentos serán controlados por captahuellas y se hará en todos los expendios. Y añade: “El pueblo nunca va a aceptar la liberación de precios y de tasa de cambio”, obviando así que el BCV lleva dos meses ocultando las cifras de escasez e inflación, porque el alza de los alimentos habría sobrepasado el 100%. La “esquizofrénica nomenclatura” roja ha puesto a Maduro en un callejón sin salida, como indican las protestas locales y alarmas de riesgo económico dadas por la Dagong china. A Maduro se le acabó el tiempo. De la actuación de tantos millones de ciudadanos descontentos y convencidos de que el régimen y su modelo ya no dan para más, depende el presente y futuro de Venezuela.