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Henrique Salas Römer

Maduro y su barranco

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Alguna vez en este mismo espacio señalé que Hugo Chávez fue pegamento para la heterogeneidad chavista y también para la fragmentada Oposición. El comentario venía al caso por lo que ocurre en el seno de la MUD, y pronto ocurriría, a mi entender, en el seno del gobierno. Demos hoy un paso más.

En el juego político democrático, el poder sustenta por gravitación la adhesión interna de todo gobierno. Cuando ese poder se debilita, las fuerzas centrifugas, aquellas que tienden a escaparse de su esfera gravitacional, deben ser contenidas por factores externos. Digamos que por compresión. De allí, la importancia que para el equilibrio propio de un gobierno tiene la oposición.

En noviembre de 2001, Hugo Chávez superó magistralmente su momento de mayor debilidad. Había anunciado a mitad de año que comenzaba la revolución económica, pero en lugar de ocuparse del país, se dedicó a viajar.

Recordemos su periplo mundial:

“En Moscú se declaró aliado estratégico de Rusia y firmó un acuerdo de cooperación técnico-militar que puede convertir a Venezuela en puente para el comercio armamentista de los nuevos burgueses rusos en América Latina. En Volgogrado se confesó admirador de Lenin por su ‘inolvidable contribución a los principios de la justicia social’. En Teherán se mostró identificado con la revolución fundamentalista de los iraníes y visitó la tumba del ayatolá Khomeini para rendirle ‘devoto homenaje’. En Pekín confirmó su alianza estratégica ‘vital’ con China y manifestó que era maoísta desde su época de cadete. Completamente de espaldas a la realidad económica, social y política que en esos momentos se cocinaba en Venezuela, millones de militantes anticapitalistas se dejaban subyugar por el espíritu de su otro ‘Maisanta’ que Chávez sacó a pasear por aquella parte del mundo.”  www.nodo50.org

A su regreso, el presidente se sorprendió al descubrir que su popularidad se había venido abajo e iba en picada. Fue entonces cuando, apelando a una magistral estratagema, logró promover un poderoso frente opositor, liderado, no por los partidos, entonces muy debilitados, sino por Fedecámaras y la CTV.

Valiéndose de una Ley Habilitante a punto de fenecer, Chávez aprobó por decreto 49 leyes de dramático contenido que, al encender simultáneamente las alarmas del empresariado y de los trabajadores, provocaron el inicio de aquellas multitudinarias marchas que le permitieron cohesionar sus propios cuadros y domeñar la dispersión que su ausencia, aunada al deterioro económico, venía produciendo a lo interior de su coalición cívico-militar.

Han transcurrido trece años y  hoy es Maduro quien enfrenta su momento decisivo. El país se hace añicos, su coalición ya no existe, y el presidente busca ansioso un frente que lo ayude a contener la estampida… pero está solo. Solo, atisba su barranco.

hsr.personal@gmail.com

@h_salasromer