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Beatriz de Majo

Maduro en Moscú

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Mientras el presidente se dirigía a Moscú en un viaje tan innecesario como extemporáneo, un país despedazado se quedaba haciendo colas para conseguir lo esencial, rebuscándosela para que le alcance la guita, encerrado en sus casas o en sus trabajos para salvaguardad su integridad o penando en los hospitales por falta de medicamentos para sus enfermos.

No es que el gobierno no se percata de las penurias de los ciudadanos. Es que de cara al mundo exterior suena bastante más épico adherirse a una causa tan ajena como la conmemoración de los 70 años de la Gran Guerra Patria de los rusos, que proclamar que la revolución bolivariana está allí para asegurarles un mejor nivel de vida a sus compatriotas. La realidad es que mientras Maduro pasea, sus compatriotas estamos muriendo de mengua.

El gobierno nunca ha tenido claro el foco de su gestión. La administración de los recursos ha sido desastrosa, sin mencionar la manera como la malversación de fondos públicos y los negociados turbios han sido la regla. Mientras la situación interna se agrava en lo social y en lo económico, la única arma de la que echa mano consiste en intentar por todos los medios propagandísticos posibles modificar la percepción del ciudadano sobre el origen real de su propia desgracia personal y colectiva. Lo corriente es negar la existencia de nuestras terribles carencias y estrecheces y, frente a la terca verdad del destrozo del país, endosarle la culpa a otros: la oposición parasitaria, el liberalismo esclavizante, el oprobioso e inmoral gobierno americano. No cabe, en su caso, un juicioso “mea culpa”, ni mucho menos un propósito de enmienda. 

Su viaje a Rusia rodeado del mayor oropel y de un numeroso séquito de aprovechadores es otro desenfocado traspié. En lugar de armar un plan coherente para combatir los elementos que han determinado el descalabro entero de un país petrolero y rico, lo que Maduro encuentra propio hacer, en esta desgraciada hora es pontificar en Rusia sobre la lucha que libra la revolución bolivariana en contra del neofascismo y neocolonialismo de manera intentar hermanarse con Moscú de cara a la humanidad. ¡Menudo desenfoque!

Todos ellos no son más que conceptos irrelevantes y huecos para el venezolano, temas plagados de indiferencia ante la dura realidad que nos atañe hoy. No puede ser importante para ninguno de nuestros hermanos de esta tierra patria la conmemoración de ningún hecho histórico ajeno, por trascendente que lo consideren los jerarcas del gobierno. Lo que es protuberante es nuestra macabra realidad, la dura búsqueda de una brizna de calidad de vida y el desesperado anhelo de labrarles la esperanza de un mejor futuro a nuestros hijos. Todo esto deja frío al gobierno de Nicolás Maduro. La palmaria verdad es el sitio marginal que la vida de los pobres en Venezuela ocupa dentro de las prioridades políticas de quien ejerce la conducción de un país quebrado y con todas sus heridas abiertas.