• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Maduro en Mercosur

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El Congreso de Paraguay ha aprobado el ingreso de Venezuela al Mercosur ante el hecho consumado: nuestro país tiene más de un año como miembro activo y seis meses en la presidencia temporal de ese acuerdo; presencia de facto, podría decirse. Son los mismos días en que, desde Caracas, el gobierno insiste en una zona económica Alba-Petrocaribe, muy alejada de los temas que ocupan al Mercosur. Y, mientras tanto, el gobierno argentino ha propuesto a la Unión Europea canalizar las negociaciones con el Mercosur a través de Venezuela ¡para respetar los canales institucionales!

Esto es apenas parte del rompecabezas que se arma y desarma de este lado de Latinoamérica cuando aumentan las señales de alarma sobre la pérdida de velocidad del crecimiento de algunas economías y, en el otro extremo, la aceleración de su decrecimiento, como es el caso de Venezuela.

Sobre la aprobación paraguaya no hay mucho que contar: es un remiendo muy tosco sobre el deshilachado tejido de la integración. Pero remiendo al fin, asoma los intereses del gobierno paraguayo a la vez que la actitud del Uruguay interesado en el pleno retorno de su vecino y miembro originario del Mercosur.

El ejercicio venezolano de la presidencia rotativa de ese acuerdo ha pasado por debajo de la mesa. Felizmente, se dirá con razón; porque la promesa de una agenda de decisiones estratégicas para los próximos diez años del Mercosur resonó como la vieja idea de refundación, cuya materialización está tan a la vista en la derruida vitrina venezolana.

Notables han sido los empeños del presidente de Uruguay por activar una agenda más abierta: ciertamente, en la de su presidencia caben desde el cuidado a los trueques con Venezuela hasta lo de ser país observador en la Alianza del Pacífico, al igual que Paraguay. Pero en la búsqueda de un arreglo del Mercosur con la Unión Europea es donde ha puesto mayor empeño y, ante el reciente atascamiento de las negociaciones, ha propuesto que fluyan a través de Paraguay.

La presidencia del Mercosur, tal y como la ofreció Brasil como estímulo al reacercamiento, corresponde al gobierno paraguayo a partir de diciembre, aunque solo la recibirá en enero. No debe escapar al buen observador que se trata de un gobierno, el de Horacio Cartes, más adecuado para tratar sobre negociaciones de libre comercio en las que Uruguay y Paraguay tienen mucho que ganar, pero siempre a partir de su experiencia de años de asimétrica sociedad con Brasil y Argentina.

Mientras Venezuela desatendía el Mercosur, las negociaciones con la Unión Europea avanzaban a su propio paso, al punto que Brasil, Uruguay y Paraguay presentaron a los europeos una propuesta aceptable de zona de libre comercio.

Por lo pronto, Argentina ha frenado el acuerdo, y ofrecer a Venezuela como canal de negociación no parece de buen gusto, al fin y al cabo aquí se sigue la letra el Plan de la Patria, para hacer irreversible el deshilachado.