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Mario Guillermo Massone

Maduro en Aristóteles

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Aristóteles, en la Ética Nicomaquea, sienta las bases racionales sobre las cuales se debe ordenar la conducta humana hacia el bien. Para el estagirita, el zoon noetikon (animal racional) debe poseer dos atributos o cualidades para poder considerarse un agente ético, virtuoso. Debe ser un phronimos y un spoudaios.

Phronimos, es una voz griega que proviene de phrónesis, en latín: prudentia. De modo que para que el animal racional sea un agente ético, debe poseer la virtud de la prudencia o sabiduría práctica. Para el filósofo macedonio, es la prudencia la virtud cuyo ejercicio permite ejercer las demás: valentía, fortaleza, templanza y justicia.

Spoudaios es la voz griega que llamamos madurez. Así, solo el “hombre maduro” es capaz de ser considerado un hombre moralmente serio.

Un hombre prudente y maduro es quien puede aspirar a la excelencia con su práctica racional. El ethos (de donde se deriva “ética”) o mores (en latín, de donde se deriva “moral”), es decir, “el buen carácter” de una persona debe poseer ambos atributos.

Cuando además ese animal racional se interrelaciona con los demás en la comunidad, cuando pasa a ser el zoon politikón, el animal político, pues con mayor razón debe ser un ser prudente y maduro.

Más aún, cuando ese mismo animal aspira al poder y lo ejerce, la posesión y ejercicio de la virtud o su ausencia es lo que lo distinguirá de ser un “hombre político” de un “hombre despótico”.

Un verdadero “animal despótico” es el que gobierna en contra de los dictados de la prudencia y la madurez. Pues la justicia, que es la virtud política por excelencia, que no es otra cosa -siguiendo a Aristóteles- que “el bien del otro”, no puede ser ejercida por seres cuyo principio de acción es lo irracional.

El gobierno que encabeza Nicolás Maduro atenta en contra de la razón humana. Se trata de un proyecto irracional, ya que destruye las formas básicas del bien humano como lo son: el conocimiento, la racionalidad práctica (la misma prudencia), la familia, la sociabilidad amistosa, el trabajo, la religión, la propiedad privada, y hasta el mismo juego. Además, promueve la inestabilidad social, la delincuencia y la escasez. En resumen: destruye el proyecto de vida de todos y cada uno de quienes intentamos convivir en paz y de acuerdo a nuestro propio esfuerzo.

Un “animal despótico”, en términos aristotélicos, imprudente e inmaduro, no posee el mérito para gobernar. Y el mérito es, según el filósofo, la mitad de la justicia política. Ni prudente ni Maduro.