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José Rafael Avendaño Timaury

MUD

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Faltan catorce días para votar. La mayoría acudiremos ante el devaluado –por las ejecutorias gubernamentales– compromiso cívico ineludible. No tengo la menor duda de que las mayorías lo harán por la oposición en cualquiera de sus opciones o alternativas. La mía, lo reitero, será la de votar nulo en la creencia de que el gobierno será reacio a admitir voluntariamente su derrota.

La MUD, aparentemente, será la beneficiada por el gran torrente de venezolanos irredentos y hastiados que deseamos un cambio total de la situación económica, social y política del país. La gran mayoría ha sido seducida por una hábil y demagógica campaña que les ha hecho ver y sentir que la nueva mayoría parlamentaria instaurará el cambio radical que todos queremos y aspiramos. Como el gobierno, en su área publicitaria, ellos también han implementado una campaña mediática, donde habilidosamente señalan que son la única opción opositora.

Algunos políticos, politólogos y otros analistas, algunos empíricos, hablan de una diferencia de más de 37% a favor de la conocida franquicia. Muchos de los 167 aspirantes oposicionistas se ven aposentados en las mullidas curules del apetecido Capitolio. Economistas disertarán acerca de lo procedente a ser aplicado en su especialidad por el gobierno. Los noveles y veteranos diputados propiciarán la promulgación de una Ley de Amnistía que permitirá la liberación y el retorno de los presos y exiliados. Los más delirantes se ven propiciando sendos votos de censura a ministros incompetentes, los cuales serán destituidos por Nicolás Maduro Moros. Todos, toditos han dejado correr la conseja de que esta nueva mayoría removerá a todos los miembros del TSJ; a la fiscal, al contralor, al defensor del pueblo y se elegirá un CNE auténticamente imparcial. Estos parlamentarios también obligarán al retorno a los cuarteles de todos los milicos alzados. ¡Falta Scheherezade para plasmar el fantástico cuento de las mil y una noches!

Algunos de los prebostes de la alianza opositora y gubernamental deslizan declaraciones, no muy claras aunque sugestivas, acerca de la realidad y de la situación fáctica. Estas sibilinas declaraciones, con medias verdades, pretenden salvar su responsabilidad (por no prever y denunciar) ante los hechos que se desarrollarán, ineluctablemente, a partir del 7 de diciembre. El jefe de AD señala (con gríngolas) que la nueva Asamblea regirá hasta después de 2019 porque no tiene dudas de que la actual “normalidad republicana” seguirá vigente, y el “cojefe” del PSUV señala (sin gríngolas) que jamás aceptarán que la misma designe nuevas autoridades (TSJ, CNE, FGR, CGR y DP). Las disfunciones oftalmológicas (miopía, daltonismo, astigmatismo etc.) en el área de la política son gravísimas.

…Ya he señalado que hacer de aguafiestas cuando los músicos afinan los instrumentos para comenzar el baile es, por lo menos, antipático. Estoy persuadido de que el gobierno está en ciernes de una derrota electoral aplastante y significativa con un margen adverso por arriba de 80%. Esta apabullante derrota debería significar no solamente el reconocimiento de la misma y el acatamiento de la nueva composición de la Asamblea Nacional, con todas las derivaciones que ese hecho significa. Es más, en un país serio –el nuestro está inmerso en una tragicomedia donde rebota la seriedad– este hecho político debería significar la renuncia inmediata del presidente de la república; la convocatoria a la brevedad posible, de acuerdo con la normativa constitucional, a elecciones presidenciales a efectuarse dentro del primer trimestre del año 2016.

La duda para que lo anterior se haga realidad golpea duramente la conciencia republicana. Las ejecutorias del régimen nos llevan a discernir: luego de todos los preparativos consumados en los últimos años: la constitución ilegal y por consecuencia ilegítima de todos los poderes públicos; las interpretaciones de la sala Constitucional del TSJ; el adecuamiento de la Fuerza Armada como cuerpo político deliberante a favor del gobierno. No es aventurado entonces, ni deja la menor duda ni vacilación posible, que el gobierno nacional cambie sus peculiares paradigmas con el acatamiento de la voluntad popular y sus irremediables consecuencias.

La incertidumbre establecida es por los modos y las formas como en el gobierno nacional asumirá el resultado electoral. ¿Burdamente manipulará la votación reflejada en las máquinas? ¿Asumirá una ajustada victoria? ¿Aceptará una oposición aposentada en alrededor de las 130 curules? ¿El gobierno le dará una patada a la lámpara y gobernará con la “alianza cívico-militar advertida? ¿Qué sentido tiene ganar unas elecciones, excepto como medio para alcanzar un fin? Todo esto es perfectamente posible en la “real dimensión desconocida” en que nos encontramos.

Lo sustantivo de todas las hipótesis enunciadas es tener claro, con claridad absoluta, la respuesta a: ¿Qué hacer el 7 de diciembre? La réplica es simple, aunque revestida de un dramatismo inocultable por las consecuencias de lo que pueda acontecer. La única opción es el acatamiento de la voluntad popular expresada el día anterior. Sin cortapisas, manipulaciones y subterfugios.

Ganar elecciones sin disponer de una política coherente y previsiva es la manera más segura de hacerla inútil ya que difunde el desaliento y desilusión entre los partidarios y los paraliza.

Con la ayuda de un gobierno muy poderoso (en el papel) una clase puede subsistir siendo superflua; aunque se haya convertido en una carga. Y cuando más fuerte sea el poder aparente del Estado, más descansará sobre sus espaldas la clase gobernante; con más terquedad se aferrará a sus privilegios y menos se inclinará al acatamiento pleno y al otorgamiento de concesiones legales.

Si los resultados anunciados por el CNE contrarían la voluntad popular, no quedará otra alternativa que la de acudir a la calle, de acuerdo con la normativa constitucional, para reivindicarla. Es inútil, por estúpido e infecundo, recurrir a los actuales órganos judiciales y/o administrativos.

cheye@cantv.net

@CheyeJR

https://jravendanotimaurycheye.wordpress.com