• Caracas (Venezuela)

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Pedro Llorens

Una MUD que trascienda lo electoral

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Cansado de escribir sobre más o menos lo mismo, especialmente ahora que los protagonistas son Maduro y Cabello, fascistas de signos antagónicos, más aburridos que su mandador, Corazón de mi Patria, intentaré incursionar en los mentideros de la oposición, donde hay mucha gente que no obstante ser obediente, disciplinada y resteada cree (creemos) que se hacen demasiadas concesiones a quienes (militares al fin) utilizan armas prohibidas para mantenerse en el poder.

“¿Es que no se puede convocar a una marcha, a la corte y a la asamblea, para exigir (por ejemplo) respeto a la Constitución en materia de sucesión presidencial?”… “¿No hay jóvenes, liceístas, universitarios, con el suficiente emberrinchinamiento como para salir a la calle, aunque sea a quemar cauchos o monigotes o, al menos, como estuvo de moda una vez (mal ejemplo, pero protesta al fin), mostrar sus traseros?”, preguntan (preguntamos), porque, como dice el tango, “uno busca lleno de esperanza el camino que los sueños prometieron a sus ansias”.

El Gobierno ordena movilizaciones, a punta de dinero y promesas y confiesa que lo hace “para conjurar cualquier intento de desestabilización”… y uno quisiera que la oposición hubiera hecho algún mérito para justificar esas previsiones y que la Mesa de la Unidad Democrática trascendiera lo meramente electoral y trazara, expresara, formulara, una acción política coherente y contundente… que al menos permitiera bajar los humos a los valentones dejados a cargo de los micrófonos (Maduro, Cabello, Rodríguez), dedicados a insultar, calumniar, a quienes se oponen a revocar las instituciones.

El episcopado acaba de insistir en la necesidad de luchar por una revisión del sistema electoral, sin la cual no se podrá competir en igualdad de condiciones, como ha quedado demostrado en los últimos procesos, a pesar de las bendiciones que suelen dar opositores de relumbrón a los equipos y al personal que interviene al servicio de sirenas (busto de mujer y cuerpo de ave o pez) dedicadas a extraviar a la oposición, no muy distintas de las del resto de las organizaciones del Estado.  

El “¡no importa, igual ganamos!” que venimos escuchando al menos desde el referéndum revocatorio, tras cada medida de ventajismo o fraude, y el “¡no importa, la próxima vez los alcanzamos!”, sin explicaciones (los que se peleaban por hablar se pelean por callar) ni culpables, lejos de motivar dejan a todos perplejos.