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Alexis Alzuru

La MUD en transición

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Presionar la renuncia de Nicolás Maduro exige la transformación de la MUD. La transición es un proceso que involucra a los protagonistas de ambos bloques. Sobre todo, si se considera que los interesados en motorizar un cambio son los venezolanos, no el gobierno. Sería ingenuo pensar que los jefes del oficialismo llevarán agua al molino de su propia sustitución. Si las reformas de la MUD son conservadoras no movilizarán a sus militantes y menos aún podrán motivar algunos acuerdos con el Polo Patriótico. En realidad, que la oposición deje las cosas como están en la MUD significa que no habrá manera de perfilar una salida para la crisis. Por eso, sus directivos deberían sentirse obligados a tomar decisiones difíciles. Por ejemplo, para abrir un espacio de conversaciones con los socialistas es probable que los voceros de “la salida” tengan que pasar a jugar banco. Incluso, para construir algún consenso sobre el CNE ese tipo de medidas tendrían que considerarse.

En los procesos de diálogo el perfil de quienes se sientan en la mesa es clave para llegar a resultados puntuales. En este caso, los artífices de “la salida” parecieran los menos indicados para acordarse con los socialistas. Tampoco son los voceros ideales para comunicarse con los militantes del Polo Patriótico, por desencantados que se encuentren. Algo similar ocurre con algunas de las iniciativas que ellos promueven desde la MUD. La constituyente tendría que desactivarse. Por supuesto, las discusiones sobre estas y otras decisiones que la MUD debería tomar se pueden evitar. ¿Tendrán los dirigentes de MUD la madurez de abordar las decisiones que deberían tomar? Sus acciones dirán de qué madera están tallados estos directivos.

Es cierto que algunos hechos sugieren que la actuación de la MUD comienza a debilitarse. Basta pensar que esa organización no capitaliza el descontento que existe en casi todos los estratos y sectores del país. Además, la popularidad de algunos de sus líderes descendió respecto del año pasado; mientras que los nombres de varios de sus voceros han desaparecido de las preferencias de los electores. Aún más, se podría pensar que los ciudadanos han comenzado a entender que deben buscar otras alternativas de representación para encarar los problemas, pues quienes deberían orientarlos están como los adolescentes enredados en peleas y reconciliaciones. Sin embargo, la MUD es todavía un marcador de la opinión pública. Si bien no determina los sucesos, incide en su velocidad. La MUD tiene más poder para dañar que para construir. De hecho, muchas declaraciones de sus directivos desincentivan el acercamiento entre el pueblo socialista y el opositor.

La MUD está condenada a elegir entre reinventarse para favorecer la transición o mantener intacto el sistema de intereses que no le ha permitido evolucionar. Por fortuna mientras sus jefes resuelven sus diferencias emocionales, el pueblo continúa en la búsqueda de soluciones para sus problemas. Por cierto, que los venezolanos hayan rechazado las barricadas como forma de lucha significa que están tomando decisiones, no que se encuentran paralizados. Así mismo, que la militancia opositora retire su apoyo a una MUD que no sintoniza con el país es una clara señal de activismo, no de anomia. En especial, que la base social del Polo se comience a comunicar con la opositora es una esperanza de cambio que está más allá de las pequeñeces de la MUD o de las maniobras de los jefes del PSUV.

La gente quiere ideas concretas para resolver con éxito una crisis política que está devorando su vida; no apetece sangre ni arreglos cosméticos. Tampoco desean oír las explicaciones farragosas que tienen los voceros de la MUD para decir que los de siempre deben continuar juntos a pesar de sus traiciones al pueblo y a sí mismos.

 

*Profesor UCV

@aaalzuru