• Caracas (Venezuela)

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Ramón Hernández

Sin nada

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El frenazo al borde del abismo se sintió hasta en los insondables vericuetos de la Misión Vivienda, en los que por arte de birlibirloque un armador de cabillas gana más en dos días que un médico de El Algodonal en cinco años, y nadie sabe qué matemáticas aplican: los edificios, aunque torcidos y desnivelados, no se caen y siempre los administradores tienen fondos para compensar los excesivos gastos de personal. Uff.

Es un frenazo revolucionario, dialéctico, que pretende conjugar los intereses del socialismo con los beneficios del mercantilismo más crudo y del capitalismo explotador más salvaje. Un salto al particular estalinismo que le ha permitido a China rescatar de la penuria a más de 300 millones de campesinos, pero todavía les falta un largo trecho por recorrer: siguen pasando hambre y necesidades más de 3 veces esa cantidad.

China no es una potencia, es un país subdesarrollado, como lo sigue siendo Rusia, a pesar de su masivo poder destructor, el tamaño de su ejército y la disposición de sus gobernantes de sacrificar a la totalidad de la población para garantizar su propia supervivencia. El sistema impuesto por Mao y sus sucesores no se inspira en Marx ni en sus supuestos científicos, se apoya, sí, en las recetas que el Koba soviético perfeccionó para que su oprobiosa dictadura funcionara y se mantuviera.

Con Deng Xiaoping el salto fue monumental. Ya no ser trataba de repartir el hambre entre todos, sino de producir alimentos en la mayor cantidad posible y cuanto antes. Mantener la dictadura del partido único y abrirse a los métodos de producción capitalista, con explotados y explotadores, fue la vía más expedita para salirse del barranco al que los había conducido la impericia económica y moral de Mao Tse-tung.

Viendo la situación de quiebra –moral y material– a la que han llevado a Venezuela, los regentes del PSUV intentan convencernos de que la única manera de que haya pan en las despensas, medicinas en los boticas, médicos en los consultorios, seguridad en las calles, educación en las escuelas y empleo es que se les permita limitar las libertades, callar a los habladores y pulverizar a los que les critican su alto cúmulo de ineficiencias y hacen públicas sus fechorías. Quieren repetir el modelo chino, pero sólo en la parte represiva, en el control de vidas y haciendas ajenas, para que nadie sepa cómo desaparecen más de la mitad de los ingresos provenientes de la industria petrolera, que nadie controla ni sabe dónde están.

Hace pocos días una avanzada de la nomenclatura, tanto del sector que reside en Miraflores y La Viñeta como del que pernocta y come en La Casona, viajó a Pekín y a Shanghái para “conocer” el modelo chino. Anunciaron el pronto envío de activistas a las escuelas de adoctrinamiento. El ministro de Información, Malos Modales y Amenazas ya tiene lista la patrulla de su despacho que se especializará en censura previa y en cómo convertir los delitos de opinión en faltas comparables al genocidio. Vendo camisa de fuerza.