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Juan Barreto

Lumpen-burguesía

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Estamos familiarizados con el concepto de lumpen proletariado o simplemente lumpen, en referencia a esos sectores marginados  y degradados de su condición laboral que, generalmente por su carácter corrompido, juegan un rol contrarrevolucionario cuando las crisis golpean periódicamente con fuerza a la clase obrera, engendrando un importante sector de la población colocado en la miseria, sin expectativas ni esperanzas de ningún tipo, que recurre a toda clase de subterfugios para poder sobrevivir en unas condiciones lamentables. Pero ¿qué hay de esos sectores degradados de la burguesía o pequeña burguesía que están históricamente e íntimamente asociados a la criminalidad o la corrupción?

Cabe, primero que nada, aclarar un poco los conceptos. Ya conocemos el concepto de lumpen proletariado, pero no así el de lumpen burguesía, una noción que se introdujo mucho después, haciendo una cierta analogía con la idea de lumpen proletariado.

Originalmente, el concepto de lumpen burguesía fue usado en Austria por parte de algunos ideólogos socialistas en los años veinte, sin embargo fue André Gunder Frank, conocido por su teoría de la dependencia, quien en 1972 utilizó el término de lumpen burguesía en referencia a las clases dominantes de América Latina que, incapaces de implementar un proyecto nacional autónomo y de articular una conciencia de clase propia, como lo habían hecho las burguesías de las potencias europeas y de Estados Unidos, devenían meras sirvientes de los intereses de las potencias dominantes, principalmente de Estados Unidos y sus grandes corporaciones transnacionales, a quienes servían como abogados, supervisores y administradores políticos. La de Gunder Frank, sin embargo, es una acepción del término “lumpen burguesía” porque también hay otra. En efecto, Charles Wright Mills en White Collar: The American Middle Classes (Cuello blanco: las clases medias americanas) escribe: “Si podemos hablar de un lumpen proletariado proveniente de los trabajadores asalariados, así podemos hablar también de una ‘lumpen burguesía’ proveniente de otros elementos de clase media”. 

Las burguesías de Latinoamérica tienen la mentalidad de ser fácilmente manipulables para favorecer el sistema capitalista, aun a través del delito. De manera similar, las élites coloniales contribuían negativamente a la economía local, ayudando a los explotadores extranjeros. Los recursos y bienes de las colonias eran deseados por las potencias coloniales, y para conseguirlos incorporaban a las élites locales en su sistema, convirtiéndolos en intermediarios entre los ricos compradores coloniales y los pobres productores locales. Así, el bienestar de las élites locales dependía cada vez más de la explotación y el comercio, tomando el superávit de la producción de los pueblos en las colonias y extrayendo la ganancia y transfiriendo los bienes a los compradores coloniales en Europa. Frank describió este tipo de sistema económico como lumpen-desarrollo y los países afectados por él como lumpen-Estados.

En Venezuela al sector de la clase dominante que controla el poder político y económico históricamente, es decir, la política junto a la burguesía tradicional, importadora y comercial del siglo XIX y XX, que conectó con el siglo XXI desde su pasado corrupto e indecente, se le puede calificar de lumpen-burguesía. No es la burguesía tradicional acostumbrada a acumular capital a través de muchos medios ominosos, sino aquella que se dedica a hacerlo mediante procedimientos ilícitos y corruptos. Son delincuentes de cuello blanco que para mantener su base social van más allá de proteger los privilegios del gran capital.

La era adeca-copeyana que engendra estas fracciones neofascistas, como Primero Justicia y Voluntad Popular, tiene su principal soporte en ese espacio que podemos denominar lumpen-Estado, aliados en la corrupción y la violencia contra el pueblo trabajador, constituyen un entramado que imbricó sus gobiernos corruptos a estos dinosaurios jóvenes de derecha, empresarios, comerciantes, banqueros, con mafias ilegales, antidemocráticas y corruptas.