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Freddy Lepage

Lula, Chávez y la sucesión

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Las recientes declaraciones de Lula –en entrevista dada al diario La Nación, de Buenos Aires–, apenas Chávez obtuvo su tercera reelección como presidente de Venezuela, no dejan de llamar la atención por varias razones. Sabemos que Lula fue un gran presidente para Brasil. Efectuó una labor de gobierno no solamente a favor de los pobres, sino que, al mismo tiempo, impulsó y apoyó la producción industrial y alimentaria nacional, a tal punto que ese país suramericano representa una de las principales economías del mundo. Amén de que mantuvo, a pesar de los pronósticos de muchos, un estricto apego a la institucionalidad democrática, haciendo lo que se podría llamar un gobierno de centroizquierda a su manera.

Sin embargo, en materia política hacia el exterior no ha sido igual. Su apoyo a Chávez ha sido irrestricto, a sabiendas del autoritarismo y militarismo impuesto en Venezuela. Claro está que le ha sacado provecho económico con la venta de productos brasileños a una nación que no produce casi nada, por ser, de alguna manera, benevolentes. Incluso, en esa entrevista dice textualmente: “…Antes, hasta los inodoros eran importados de Estados Unidos. Hoy los importa de Argentina, Brasil y de otros países”. ¿Cinismo? ¿Burla?... Me hubiese gustado oír de Lula más bien expresar que ahora (con Chávez) los inodoros son fabricados en Venezuela, ¿no les parece?

Más adelante señala: “…Yo mismo no quise un tercer mandato. Porque si lo hubiera hecho, hubiera querido un cuarto mandato, y después un quinto (…). Para la democracia, la alternancia en el poder es una conquista de la humanidad, y por eso hay que mantenerla”. ¿Y entonces, Lula? ¿Adónde quieres llegar?

Incluso, se atrevió a decir, en el marco de ese lenguaje confuso y afectado, que como la Constitución de Venezuela permite que Chávez sea reelegido por cuarta vez, cuando él pierda sus adversarios también podrían presentarse cuantas veces quieran, y eso no es bueno. O sea, haciendo un ejercicio de interpretación, se podría colegir, sin mucho esfuerzo, que lo malo no es que Chávez se eternice en el poder, sino que sus adversarios puedan ganar elecciones varias veces seguidas. Nuevamente: ¿cinismo? ¿Burla? O ambas cosas al mismo tiempo.

O, tal vez, como se encontraba en Argentina, le quiso mandar un mensaje por mampuesto a Cristina Kirchner, que anda en la misma onda de modificar la carta magna para seguir en el coroto for ever. En fin, es pertinente la duda sobre estas casi “confesiones” sobre el “continuismo” en el poder del ex presidente brasileño.

Ahora bien, entrándole a lo que sucede en nuestra tierra, con los cambios o, mejor dicho, enroques realizados por Chávez, al designar a Maduro como vicepresidente de la República, también se puede especular (no queda otra) sobre las palabras de Lula que, seguro, sabe más que los venezolanos sobre la enfermedad (cáncer) del Presidente: ¿está previendo algún desenlace que le imposibilite seguir gobernando y, por lo tanto, sería necesario tener un sucesor a mano, que tendría que ser aceptado por todos los sectores de la cúpula chavista?

Y, para finalizar, a modo, también, de interrogante: ¿no luce extraño que Chávez haya enviado a Elías Jaua a La Habana para da fe de que Fidel Castro está vivito y coleando (así haya sido una simple foto y no un video), cuando siempre fue él mismo en persona quien lo ha hecho en otras oportunidades? El planteamiento de Lula, “supuestamente” a destiempo (le quedan seis años de mandato), sobre la sucesión de Chávez da lugar a cualquier tipo de elucubraciones, suspicacias o comentarios. Vaya usted a saber… Eso sí, que no nos venga con el cuento de que está preocupado por la democracia en Venezuela.