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José Rafael Herrera

Lucha por el Reconocimiento

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En la filosofía Hegel, y especialmente en la Fenomenología del Espíritu -quizá, la obra más representativa, en virtud de su desafiante densidad, del pensamiento hegeliano- la expresión “reconocimiento” (en alemán, 'Erkennung') ocupa un lugar ciertamente privilegiado, en virtud de la función que ocupa dicha figura dentro del desarrollo del movimiento dialéctico de la 'experiencia de la conciencia'.

La fuerza conceptual del Reconocimiento ha sido recientemente puesta de relieve por Axel Honneth, Presidente de la Sociedad Internacional Hegel y actual Director del Instituto de Investigaciones Sociales de Frankfurt, mejor conocido como la Escuela de Frankfurt. Heredero de la Teoría Crítica de Horkheimer, Adorno y Marcuse, entre otros, y discípulo directo de Habermas, padre de la Teoría de la Acción Comunicativa, Honneth reconstruye el significado que tiene el concepto de reconocimiento en la filosofía de Hegel con el propósito de comprender la problemática que afronta la sociedad contemporánea, sus antagonismos, sus desigualdades y, en particular, las formas que hoy asumen la tiranía, el miedo y el miedo.

Decía Juan David García Bacca, refundador de los estudios filosóficos en Venezuela, que la lengua española posee una flexión propicia para la filosofía. Un ejemplo de esta flexión lingüística, señalada por el maestro García Bacca, está presente en la composición misma de la palabra reconocimiento. Reconocer es, de hecho, una expresión especular, reflexiva, biunívoca, interdependiente, o, para ser más precisos, dialéctica, en sentido enfático. Tanto es así que se puede leer en ambos sentidos, de derecha a izquierda o de izquierda a derecha, sin alterar su significado. Su propia estructura compromete la necesidad de la existencia de dos términos que se determinan mediante su recíproca negación. Como decía Spinoza, “toda negación es una determinación”. Se trata, pues, de dos polos que sólo pueden reafirmarse en sí mismos sobre base de la negación abierta y directa del otro término de la relación. Lo que hace que el Polo Norte sea el Polo Norte es su negación de la existencia del Polo Sur. Pero, al mismo tiempo, sin la existencia del Polo Sur el Polo Norte no sería un Polo. Sin la existencia del otro Polo éste quedaría condenado a la indeterminación. Lo que éste niega es, sin embargo, lo que le da existencia. En consecuencia, si niega la existencia del otro se niega a sí mismo. Al anular uno de los términos de la oposición el otro término queda, de igual modo, anulado. El reconocimiento es, al decir de Jorge Luis Borges, “un espejo que mira y es mirado”.

El feroz combate que se establece entre ambos términos -Hegel lo denomina “la lucha por el reconocimiento”-, tiene sus causas, justamente, en el intento de uno de ellos por reducir al otro a la condición de cosa e, incluso, de “nada”. Honneth ha visto en esta cruenta confrontación el principal motivo de la injusticia, la intolerancia y la discriminación que caracterizan al tiempo presente, una suerte de reedición de la dialéctica de 'Señorío y Servidumbre', expuesta por Hegel en su “Fenomenología”.

Hay algo más en el reconocimiento que una exigencia material, más que una reivindicación puntual. Hay en ello un deseo consciente de ser re-conocido, un “vuelve a conocerme”, ya no como una cosa u objeto de deseo y satisfacción, ni siquiera como “pueblo”, ni como mera cifra estadística. Se trata, más bien, de ser valorado y respetado como igual.

Cuando quien ocupa la Alcaldía de Libertador, el psiquiatra Jorge Rodríguez, hablaba, durante la “mesa de diálogo”, sostenida entre el oficialismo y la oposición, de “la necesidad de reconocimiento”, en realidad intentaba expresar la imperiosa necesidad del régimen de ser reconocido por la oposición como los señores supremos que tienen entre sus manos los hilos del poder. Una suerte de “ustedes no nos reconocen, a pesar de que somos nosotros quienes desde hace quince largos años ejercemos el control absoluto del poder político y social del país”. No buscaba re-conocer al otro, elevarlo a la condición de igual. Exigía ser reconocido, pero sin reconocer. Solicitaba que el otro entendiera que ellos, los chavistas, eran los señores, mientras que los otros tenían que aceptar la condición de la servidumbre. Es, en suma, la condición antes descrita del Polo Norte, la negación indeterminada, no dialéctica, de quien quiere ser reconocido pero se niega reconocer.

No hay mediador que valga en una relación de términos opuestos que luchan por el reconocimiento. Por los vientos que soplan, la “mesa de diálogo” se inclina a un resultado infructuoso. Sin conciencia recíproca de la necesidad de cada extremo para el otro, la lucha, al parecer, seguirá mostrando sus agrias escenas de protesta, represión y más protesta.