• Caracas (Venezuela)

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Lorena González

Vidas y texturas en expansión

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En medio de los golpes que sobre el ciudadano común asesta la inestabilidad de la ciudad reciente, algunas noticias han venido a impulsar la voluntad férrea con la que creadores, instituciones, curadores y gestores, nutren el camino en una existencia cada vez más compleja; sumida en la obstrucción perenne que la realidad le impregna a cada intento sencillo y hasta minúsculo de concreción de algún proyecto personal o colectivo. Nuestra vida ha dejado de ser un proyecto a mediano o largo plazo, todo se cristaliza en un amenazante reality; cuando la jornada –en la que pueden o no suceder mil cosas– termina, tan solo se atina a divisar el tránsito por una especie de prueba, un día a la vez.

El reconocimiento institucional resulta inestimable para los individuos que continúan en la traducción y producción de entornos visuales, propiciando reflexiones que elevadas desde la nada se espera perduren en el tiempo. Dos declaraciones institucionales recientes han venido a inspirar un renovado aire, introduciendo cierto equilibrio en las desajustadas bases de este presente movedizo.

En primer lugar, la segunda edición del Premio Omar Carreño en Artes Plásticas, galardón que otorga la junta directiva del Colegio de Arquitectos de Venezuela en alianza con la AVAP como un apoyo a la trayectoria artística y el cual fue entregado el pasado sábado en la sede de El Nacional. El segundo, es el premio anual que concede la Asociación Internacional de Críticos de Arte capítulo Venezuela, el cual será entregado el 23 de agosto en la Galería de Arte Ascaso, situada en Las Mercedes.

En ambos, jurados reconocidos por su trayectoria en las artes visuales se dedicaron a la tarea de extender los galardones a un abanico amplio de representantes institucionales y artistas de generaciones diversas, logrando engranar un conjunto que se destaca por su heterogeneidad productiva y por la multiplicidad de contextos, procedencias, formatos y líneas de investigación que sobresalen en el renglón de cada condecorado.

De este modo, en el caso del Premio Omar Carreño, la obra performática de un novel creador como Cristóbal Ochoa o la labor crucial de una caricaturista como Rayma Suprani conviven junto con artistas de trayectoria como Rolando Peña, Abigail Varela y Milton Becerra.

Para el AICA, la diversidad también se extiende en ejercicios y protocolos en los que se destaca el invalorable reconocimiento a una creadora como Noemí Márquez, pilar fundamental de una trayectoria de apuestas experimentales para la escultura en Venezuela, junto con el desempeño de artistas de una gran fuerza crítica como Carlos Zerpa, investigadores de la fotografía como Vasco Szinetar, jóvenes talentos como Jesús Moreno, artistas gestores como Diana López y Gabriela Olivo de Alba, o virtuosos que han subrayado el nombre de nuestro país en el ámbito internacional como es el caso de Arturo Herrera.

Del mismo modo, instituciones como Copred, la Sala Mendoza, la Sala TAC, La Caja, la Galería GBG, D’Museo, Iartes y la galería Ascaso han sido resaltadas por gestiones y productos visuales en los que también distintas personalidades (diseñadores, fotógrafos, escritores, editores, curadores e investigadores) continúan consolidando un itinerario plural, acertado y constante; contenidos, reflexiones y espacios de intercambio que asientan una historia posible en la trayectoria variable de nuestro arte actual, articulando como si fuera un todo las texturas privativas de cada esfuerzo.