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Karl Krispin

Lord Snowden

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Lord Snowdon fue el título nobiliario que le dieron al fotógrafo Anthony Armstrong-Jones que se casó con la princesa Margarita de Inglaterra ante la inusual posibilidad de que la princesa despachara plebeyos al mundo. El matrimonio naufragó por las infidelidades recíprocas y Snowdon, como se hace llamar a secas, fue durante muchos años el fotógrafo oficial de la casa real inglesa. Una cosa es ser Snowdon y otra muy diferente ser Snowden a quien los supremos del Alba han convertido en noble pero a su modo. Los presidentes de estas repúblicas emergentes y que nunca terminan de emerger gracias a sus comediantes gobernantes no pueden ver a un gringo llorando porque enseguida lo quieren adoptar y mimar y salvarlo del castigo del Tío Sam. Pero resulta que el enconchado del aeropuerto de Moscú no es otra cosa que un individuo que ha traicionado a su país y que ha puesto en peligro la seguridad del mundo occidental.

Después del 11 de septiembre el terrorismo internacional tuvo su primavera que pudo ser convertida en invierno gracias precisamente a los aparatos de inteligencia. Para que en las calles del mundo civilizado haya paz, los enemigos de la libertad tienen que ser vigilados. Todos los gobiernos del mundo espían: el nuestro lo demostró lindamente al ofrecer públicamente una conversación estrictamente privada entre un profesor de historia y una diputada, que indica la siembra de un micrófono como en las mejores novelas de contrainteligencia de la guerra fría. John Le Carré, en vivo. El diario ABC recoge las contradicciones del llamado Topo Snowden: 1. Se escondió en China, la patria del ciberespionaje. 2. Huye a un país regido por Putin, ex KGB. 3. Pide asilo a un país acosador de la prensa como Ecuador y ahora el nuestro, el de todos o algunos venezolanos. 4. Pide que lo defienda el juez Baltasar Garzón que ha sido inhabilitado por escuchar ilegalmente a sus investigados. Resulta curioso que en Venezuela se esté haciendo tanta fiesta con este delincuente digital mientras la prensa independiente es acosada y hasta Nelson Bocaranda ha recibido citaciones que comprometen el ejercicio libre del periodismo. Todo esto aderezado con esta indigestión que no cesa del imperio y el imperialismo que a los venezolanos ni nos va ni nos viene. La torpeza es infinita: se quieren recomponer las relaciones con Estados Unidos y ahora se retuerce todo. El mundo está al revés: la honestidad se persigue y a la inmundicia se le exalta. A Enrique Santos Discépolo le sale sucesor para un Cambalache II.

El pedófilo Ortega está luchando a brazo partido para quedarse con este trofeo del mal. Correa que es imprudente ma non troppo ya se dio cuenta de las consecuencias de su incontinencia verbal. Todos quienes salivan pavlovianamente por sellarle lo que le queda de un pasaporte anulado, no se han preguntado cómo lo traerán porque el asilo exige territorialidad y Aeroflot no puede transportarlo legalmente a La Habana. Lo siento chicos: será para la próxima. Lord Snowden no firmará autógrafos en el PSUV sino desde una prisión federal.

Au revoir mes amis: el embajador Jean-Marc Laforêt y su esposa Anne Louyot, representantes de Francia en nuestro país se despiden luego de una exitosísima misión. Han sido los embajadores más culturales de Francia en Venezuela y han entendido como nadie que la diplomacia cultural es la que une los pueblos alrededor de lo mejor de ellos: la creación, el pensamiento y la obra de arte. La señora Louyot deja para los lectores venezolanos un magnífico libro de poemas publicado por Bid. &Co. Han sembrado los mejores recuerdos y una estrecha relación con el mundo cultural venezolano al que abrieron sus espacios para un intercambio enriquecedor. Se van con el nombre en alto de la Francia libre y artista.