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Eduardo Semtei

Locolandia, donde sucede de todo

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Voy a hablar de un país imaginario, producto de mis más disparatadas ideas (si acaso tengo alguna), donde todos los personajes son falsos. Cualquier parecido de las personas del mundo verdadero con mis personajes ficticios de Locolandia es una terrible coincidencia, culpa de los que viven de verdad, o quizás una brujería armada por un señor que pregunta cosas, suma los resultados y pone otra cifra, conocido como el Encuestador de Vergoña.

Tiene una hermosa choza en la tierra del Santo Ignacio. Le costó 2 millones de dinares. Se los pagó el Gran Brujo Viejo y Malvado. En ese país se habla español del siglo XXI. Las cosas cambian de nombre; por ejemplo, los famosos poderes públicos tan consustanciales con la democracia se llaman Organización Parlamentatista.

Se trata del sitio donde se reúnen unos señorones, de dos bandos, unos de Roma y otros de Cartago.

La preside un personalejo de pocas proporciones físicas y menos mentales. Armado de una ballesta para obligar a sus contrarios a callarse para siempre, so pena de darle una buena pedrada en la frente a quien se atreva a retar sus necios designios, tal como sucedió con uno de los parlamentantes. Ese personalejo es conocido por lo largo de los dedos, lo afilado de las uñas y la insaciable sed de dinero y poder. Hay otro poder, el llamado Acusacionalista. Lo reina una hechicera de pelo pintado, con el amarillo de las ranas plataneras de la Tierra del Nunca Jamás.

Esta embrujadora tiene el don de descubrir maldades y despropósitos en la banda contraria a la del Príncipe Heredero del Bigote Turbio. Está todo el día haciendo conjuros, maleficios, nigromancias y maldiciones. Cada día descubre nuevos crímenes. Es ahijada de Agatha Christie.

Escribió La historia del candidato conspirativoso; La historia de la oposición más desalmada; La historia de la cuaterna republicasta asesina y corruptosa. Por el más allá, está la Choza de la Defensorte. Llamada así por sus continuas visitas y lavativas en la Tierra de Sorte, donde se presume vivió una Diosa que hacía el bien sin mirar a quien, excepto por su primo el Negro Carreño, que era verdaderamente travieso y vengativo.

La Defensorte había olvidado la razón porque el Dios Mechúo la trajo al mundo. Era tanto su olvido y lo frágil de su memoria y conducta que al final se convirtió en Defengote. Se refiere este nombre al hecho de que ella no hacía sino justificar, honrar y celebrar todas las nimiedades, pequeños y grandes deseos y hasta pendejadas del Príncipe Heredero del Bigote Turbio. ¡Ay de esos aquelarres de los viernes, en los aposentos reales del viceprincipe! ¡Cómo se bebía y comía! Era un desparramar de manjares y licores. Una vez yo mismo estuve cerquitica de entrar en uno, pero el Ogro del Vetevente, un personaje grotesco y de mal olor, me impidió la entrada.

En una gran olla, una cacerola de esas que no suenan aunque le den duro con una mandarria, echaban: uñas de gato, saliva de loro, rabos de cochino, excrementos de morrocoya, sangre de carnero, huesos humanos y 20 papeletas con nombres de tribunos, patricios, esclavos, plebeyos, monárquicos, clientes y libertos. Al final de la tarde, en el poniente, una mano pecadora como la del Trampeador de las Cajas Mágicas Electivoricas, ya hablaremos de ese siniestro, extraía tres nombres que luego eran circulados entre todos los poderes para su ajusticiamiento mental, moral, ciudadano, civil y hasta militar. Recuerden el caso de Ponte Y Ponte. Esta es una historia larga que no puede ser contada de una vez.

Es Las mil y una noche ligada con La historia interminable.

Bueno, no tan interminable.

El candidato a rey, Arturo el Kadonski, sacó la espada de la piedra y blandiéndola libertó a Locolandia.

To be continued...