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Thays Peñalver

Llegó la hora de los políticos

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“La periodista Colomina se convirtió entonces en un símbolo de resistencia ante el poder gubernamental”, se lee en el informe de Human Rights Watch, para desgracia de muchos. En 2003 y luego de insistentes llamadas amenazándola de muerte: “Uno de los ocho hombres que portaban armas de guerra (distribuidos en dos vehículos) lanzó una bomba Molotov (elaborada con un botellón de vidrio de los que se utilizan en las oficinas) que estalló en el vidrio delantero del vehículo en el que viajaba Colomina, el cual se astilló y no se fracturó porque estaba protegido con capa antimotines”. Marta, con el espíritu de lucha que la ha caracterizado nunca se amilanó, el Estado venezolano fue obligado a protegerla y la respuesta de quienes no creen en la libertad de expresión no se hizo esperar: sus dos escoltas resultaron heridos de bala tanto en la cabeza como en el rostro, luego de que cuatro sujetos armados ingresaran en horas de la noche al edificio donde se encontraban y les dispararan directamente.

No fue únicamente a Marta Colomina, sino a muchos otros que sufrieron en carne propia la violencia revolucionaria. Eso ocurrió en el mismo momento en el que la Conferencia Episcopal era calificada de “tumor de la revolución”, que no pocos explosivos se detonaran y que la violencia se ensañara contra estos, así como contra los empresarios, los sindicalistas y, sí, contra las marchas opositoras llenas de civiles. Todo esto ocurrió, básicamente, porque salvadas excepciones, no había políticos que suplieran las necesidades vacantes tras la muerte del bipartidismo, y los gremios tuvieron que usurpar el papel que correspondía a quienes debían exponer el pellejo frente a la revolución.

Pero la verdad es que lo ocurrido a Marta, a mi amiga Ibéyise o a muchos otros periodistas no supone, para un mundo en el que mueren asesinados decenas de periodistas, nada extraordinario. Periódicos cerrados, dueños de medios encarcelados o atacados, el ataque a perdigones y las fotos de los disturbios en Venezuela, el arresto masivo de los estudiantes y jóvenes no moviliza a nadie en el planeta, porque esas mismas fotos las pueden ver en España o en Estados Unidos. Pero un político preso causó sorpresa, dos políticos elegidos por voto popular en una cárcel pública por oponerse al régimen causaron asombro, y tres enjuiciados causaron conmoción internacional y lograron que el apoyo de que gozaba la revolución se cayera en pedazos y tuviera que recular ante la protesta masiva del “gremio político a nivel internacional”.

La prisión de Leopoldo López y dos alcaldes llamaron la atención del mundo político, la imputación penal y prohibición de salida del país a María Corina causó alerta en el mundo político real y la detención de Ledezma fue sencillamente la confirmación de que sobrevendría el horror, y el mundo entero cambió la opinión sobre el régimen de Venezuela. Por eso, cuando Henrique Capriles señala que nadie más debe sufrir un ataque del régimen o la cárcel nos está dejando claro que es su turno y el de todos los políticos que pretenden gobernar el día de mañana. Y porque, además, entre muchas otras cosas, ha quedado también demostrado que ningún gobierno puede sobrevivir con políticos encerrados en calabozos que le recuerdan al mundo tiempos que solo existen en un pasado que todos han superado y que forman parte de la historia.

Les ha llegado la hora a quienes aspiran a un cargo público, es el momento de sustituir a los periodistas perseguidos y en el exilio, a los empresarios a quienes les han robado sus empresas con la excusa de la expropiación o toma temporal de sus negocios, de los sindicalistas que se han enfrentado a lo largo de 16 años con las fuerzas de choque, los estudiantes que han dejado la vida y la libertad, y los ciudadanos, quienes arriesgaron trabajos, familia y el pellejo sin pretender otra cosa que un país libre.

Ya todos sabemos en Venezuela lo que significa la radicalización revolucionaria. Todos sabemos lo que les depara a los empresarios, las clínicas, los medios y gremios que quedan. Ya no hay excusa para seguir apostando por que se caiga todo a pedazos para capitalizar el descontento; ha llegado la hora de que los políticos, unidos, actúen como uno solo. Es tiempo de que empiecen a representar activamente el sentir de esos periodistas, empresarios, sindicalistas, estudiantes y ciudadanos que han ido quedando en el camino a lo largo de 15 años, para así ganarse dignamente su puesto en la historia de Venezuela.

 

@thayspenalver