• Caracas (Venezuela)

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Nitu Pérez Osuna

¡Llegó el futuro!

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16 años en la vida de un país es muy poco para historiadores, eso es lo que siempre he escuchado. Pero para quienes vivimos esos 16 años entre insultos y amenazas, persecuciones y encarcelaciones, muertes y más muertes, impunidad e injusticia, confiscaciones y escasez, divisiones y entregas de nuestra soberanía, marchas, gritos y silencios, es demasiado tiempo.

Muchas han sido durante más de tres quinquenios los avances y retrocesos, los aciertos y desaciertos que los partidos políticos y la llamada sociedad civil han activado para el rescate de la democracia, la libertad y la justicia en nuestro país. 

La Coordinadora Democrática fue sin temor a equivocarme, una de las experiencias más esperanzadoras para dar al traste con lo que se vislumbraba la dictadura más férrea de finales del siglo XX en nuestro país. En ella, hicieron vida jóvenes, trabajadores, amas de casa, hombres de uniforme, profesionales, deportistas, gente de la cultura, empresarios, comerciantes, movimientos políticos, organizaciones no gubernamentales con el propósito de establecer las "bases para un acuerdo democrático". La organización contemplaba convocar a elecciones presidenciales y parlamentarias luego de una eventual salida de Chávez, reformar la constitución nacional para permitir la segunda vuelta electoral, reducir de seis a cuatro años el mandato presidencial entre otros. 

La historia la conocemos: hay quienes critican el esfuerzo y los resultados posteriores de esa coalición luego que la dictadura se afianzara en su camino de lograr por la fuerza la hegemonía de pensamiento, partido único, eternización de jerarcas comunistas en cargos públicos, destrucción de la autonomía e independencia de instituciones democráticas, manipulación de la verdad, reedición de la historia, cambios de símbolos patrios, permisividad de actuación de grupos subversivos y narco terroristas en nuestro territorio, eliminación de la propiedad privada, divisiones entre los ciudadanos a razón de sus preferencias políticas, religiosas y hasta étnicas en una Venezuela que se vanagloriaba de sus cruces de indios, blancos y negros creando el más hermoso mestizaje que nos había situado como un país de gente bella, trabajadora y sin complejos. 

Oscurantismo y miedo se instalaron de nuevo en el país y su gente. Nace entonces la Mesa de la Unidad Democrática, el 23 de enero de 2008, fecha conmemorativa de los 50 años del derrocamiento de la penúltima dictadura en Venezuela y vientos de esperanza y reconstrucción de libertades comienzan a soplar de nuevo. 

Este movimiento integrado por organizaciones políticas se compromete a impulsar y consolidar una serie de propuestas. 

-Asegurar la autonomía de las instituciones del Estado. 

-Pluralidad ideológica dentro de la izquierda democrática. 

-Libertad de trabajo, economía, educativa y prensa libre. 

-Desconcentrar el poder y fomentar una descentralización efectiva. Impulsar un sistema integral de seguridad pública. 

-Defensa de la propiedad privada y de las libertades económicas. 

-Lucha contra la pobreza por medio de la creación de empleos y la justa distribución de la renta petrolera. 

-Educación de calidad. 

-Política exterior basada en la solidaridad, especialmente con los países de la región. 

-Fuerzas Armadas de Venezuela institucionales. 

-Candidaturas unitarias para los Procesos Electorales.

La ruta electoral con las candidaturas unitarias fue el camino transitado... se lograron victorias siempre minimizadas por la poca transparencia del llamado Poder Electoral, que ha sido un eficaz poder para fortalecer e instaurar al régimen actual. 

Diatribas, forcejeos y hasta diálogos con las fuerzas represoras se han intentado una y otra vez para que se respete la voluntad del pueblo. Un pueblo que ha ido despertando de a poco producto de una realidad que le abruma al no tener el derecho que la constitución le concede a la salud, al trabajo, a la educación plural, a la información veraz, al emprendimiento que le hace digno, a la alimentación y obtención de productos con el sudor de su frente, porque sencillamente escasean o son inexistentes. Pero sobre todo, porque le han robado su derecho a soñar y ver crecer a sus hijos en una Patria libre, justa, soberana y segura. 

Este 12 de agosto nace una nueva esperanza, un nuevo reencuentro de hombres y mujeres, jóvenes estudiantes, trabajadores y obreros, venezolanos de las artes, la academia, el deporte, la industria y el comercio, padres, madres, hermanos, perseguidos y exiliados quienes se han dado cita en el Anfiteatro de El Hatillo para dar inicio a una nueva ruta hacia la reconstrucción y la unidad nacional. 

Este movimiento de movimientos que lleva por nombre #Congreso Ciudadano se propone un cambio político lo antes posible para la reconstrucción del país. 

Todos estamos convocados... llegó la hora del rescate de los valores que nos identifican que no son otros que la libertad, la justicia, la solidaridad y la soberanía de Venezuela. 

Ojalá y pronto podamos escribir una nueva página de nuestra historia cargada de prosperidad y paz para todos.