• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

Llegó, ¿y ahora qué?

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La esperada llegada de Chávez se cumplió (para alivio de Fidel y Raúl Castro), como es costumbre, entre gallos y media noche, pero esta vez sin fotografías ni videos. Este arribo se dio en el marco de una seguidilla de circunstancias que han conmocionado la escena nacional.

La primera fue el reiteradamente negado por los altos jerarcas del régimen “paquetazo”, al más puro estilo neoliberal, que corrobora la debilidad de la maltratada economía venezolana, producto de errores que, al final, terminaron pasando su perversa factura al bolsillo de la gente de menores recursos y de la vapuleada clase media. Las secuelas de esta medida saldrán a la luz sin dilación.

Luego, la presencia valerosa de los estudiantes frente a la Embajada de Cuba para protestar por la injerencia grosera y desmedida de los hermanos Castro en el destino de nuestra patria y en el secretismo del manejo de la enfermedad terminal del Presidente.

También, en el ínterin, ocurrió la rebelión del pueblo pemón defendiendo sus derechos ante el abuso militarista de una revolución que se ufana de reivindicar su cultura ancestral y sus usos y costumbres. Sin embargo, estos venezolanos se hicieron respetar sin disparar una sola “flecha”, ante la insolencia y arrogancia de algunos poderosos generales de la Fuerza Armada que tuvieron que ceder después de ser, literalmente, humillados por la fibra de la razón originaria.

Ante esta avalancha de sucesos y ante la inquietud e incertidumbre de los chavistas sobre la salud del líder único, generada por tantas incongruencias e inexactitudes, los ministros Villegas y Arreaza, al alimón, en cadena nacional, sacaron de la chistera de un mago unas fotos de Chávez postrado, pero sonriente con sus dos hijas, “leyendo” una edición del periódico Granma, que le dieron la vuelta al mundo.

Ahora bien, esta acción efectista del Gobierno se prestó para numerosas lecturas e interpretaciones, de acuerdo con el interés y posición política de cada quien. A las que nosotros no escapamos ni queriendo. Pero hay algunas que son de Perogrullo, que vale la pena resaltar. Por una parte, estuvo el propósito de la cúpula gobernante de prolongar, lo más que se pudiera, la ficción de que Chávez, a pesar de todo, seguía gobernando, a control remoto, desde La Habana. ¿Para ganar tiempo?, puede ser… La masa no está para bollos y la candidatura de Maduro no termina de cuajar, así sea “madurada” con carburo.

De otro lado, está el efecto devastador que causará en la población el desmedido aumento del costo de la vida producto del “paquetazo” de la devaluación, en un país que no produce nada, gracias a las políticas de destrucción del aparato productivo nacional, en beneficio de las importaciones del exterior. Esto seguro generará malestar popular y protestas de todo tipo.

Vistas las cosas así, la figura de Chávez era imprescindible, ya que los problemas económicos y sociales se multiplican ante una dirigencia incapaz, inmovilizada, acostumbrada a no pensar y a no tomar decisiones por sí misma. Las órdenes directas desde La Habana, que tienen el fin último de mantener las canonjías y los beneficios derivados de los petrodólares enviados desde Pdvsa, no eran suficientes. El país se embochincha paulatinamente y, por ende, se hace más difícil correr la arruga.

Los plazos se acaban. Les toca ahora decidir juramentar a Chávez en precarias condiciones, y que “gobierne” muy debilitado, hasta que la enfermedad lo permita, o que renuncie y se realicen elecciones dentro de los 30 días siguientes. Son demasiados los factores condicionantes y muy pocas las opciones que permitan cualquier curso de acción. El juego se tranca. Elecciones o elecciones…, pero ¿cuándo?