• Caracas (Venezuela)

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Carlos E. Weil Di Miele

Linchamientos virales

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El video estaba ahí como si nada. A un hombre lo envolvía un fuego que quemaba a todo un país. La víctima había sido victimario. Era un delincuente al que los vecinos de Catia habían decidido linchar, prender en fuego y dejarlo consumir en llamas mientras lo documentaban con sus celulares. Los gritos de dolor se perdían en el aire, como el humo que se desprendía de su ropa, su cabello y su vida. El video estaba ahí como si nada y como el video, el país entero.

El fenómeno se repite cada semana. Las imágenes de linchamientos se han expandido en las redes como un virus mortal que amenaza de muerte a nuestra sociedad. En aquellos fotogramas del terror se refleja la realidad de un país que lo ha perdido todo, un lugar en el mapa en el que la tribunales corruptos han hecho desaparecer la justicia. El resultado es una Ley del Talión criolla con la que una población desesperada llena de rencor e impotencia decide asumir la terrible decisión de impartir a nombre propio penas de muerte.

En este fenómeno el delincuente se vuelve víctima sin dejar de ser delincuente, y el vecino de a pie se vuelve delincuente sin dejar de ser vecino de a pie. Porque la realidad es que el linchamiento es un delito, incluso cuando millones de personas se empeñen en justificarlo con comentarios absurdos en todas las redes. Es un delito no solo porque lo diga la ley, sino porque en el momento justo en el que un grupo decide acabar con la vida de una persona también muere un pedacito del país. Muere la más básica ley de convivencia. Mueren años de historia y de civilización. Con cada linchamiento muere la esperanza de que en Venezuela las cosas van a cambiar y se afianza este virus letal que nos ha infectado y amenaza con acabarlo todo.

Los linchamientos se han vuelto virales. Virales en todas los significados de la palabra. Virales porque se comparten demasiado en las redes, virales porque se han transmitido y propagado a lo largo de nuestro territorio sin que una cura se vea en el horizonte y virales porque nos están destruyendo como sociedad.

La consecuencia de estos 17 años no es solo una crisis económica, la escasez, la delincuencia o el deterioro de infraestructura del país. El discurso de este gobierno, sus políticas sociales, su democratización del odio y del resentimiento han afectado profundamente a nuestra sociedad e irremediablemente parecen estar acabando con la humanidad de Venezuela.