• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Nelson Rivera

Libros: Vladimir Nabokov

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Un error: dejar pasar el tiempo sin regresar a su reino. Pasa con el lector consecuente: su curiosidad, su necesidad de maravillarse lo conducen a buscar otros y nuevos autores. Hurga. Pregunta a sus pares. Atiende las recomendaciones que le hacen otros lectores, también estos atrapados por la curiosidad. Y ocurre con alguna frecuencia que el lector vive la excitación de "descubrir" a un autor apenas entrevistado o escasamente difundido. Que, supone uno, merece ser compartido. Un autor sobre el que conversar con los amigos (por ejemplo, el próximo lunes escribiré sobre el cautivante La muerte del adversario, de Hans Keilson).

Lo sabemos, aunque no hablemos de ello: hay en esta curiosidad impenitente una vertiente ingrata: las lecturas fallidas. Las intentonas. El tiempo invertido en las primeras páginas, que un poco más allá comienzan a derrumbarse hasta que se convierten en un castigo. En un desperdicio que no encuentra acomodo. Y mientras uno se extravía en páginas vanas, por ahí andan los libros de escritores como Vladimir Nabokov, de marcada personalidad: existen para reinventarse a sí mismos y reinventar las emociones del lector.

Cosas transparentes (Editorial Anagrama, España, 2012) fue escrita en los años finales de Nabokov. Intactos estaban su humor luminoso, sus dotes de mago y su regusto por introducir novedades en la técnica narrativa (un ejemplo: la aparición súbita de voces que, como rayos que caen sobre el texto, dan brillo a la narración). Si la lúcida impaciencia del escritor no ha mermado en esta etapa (no mermará nunca), algo en su prosa se ha abierto. Algo parece estar a la escucha del mundo. Algo avanza más allá para producir un eco, quizás menos sonoro pero más duradero.

Novela de recuerdos, Cosas transparentes cuenta la historia de Hugh Person, un editor y corrector de pruebas que, en distintos momentos de su vida, debe viajar a un pueblo de Suiza: en cada uno su existencia se remueve. Witt, así se llama el pueblo, lo desarticula. Arrasa con las precarias rutinas de un norteamericano corriente. Las cargas profundas del pasado, las revulsiones del amor, las sirenas de la locura, no son las únicas fuerzas que irrumpen en el personaje: Person respira en la irónica atmósfera que es esencial en la estética, en la lúdica nabokoviana.

También aquí la sofisticación, el ardid intelectual, el elemento polivalente, la bola de cristal que atrae y reenvía reflejos y halos de luz, está presente como en otras de sus narraciones. La transparencia de hechos y objetos, la condición translúcida de ciertos acontecimientos, la tensión entre la oscuridad y lo que no resiste y se deja atravesar por la luz, es la pieza (la-cosa-transparente) que nos recuerda la peculiaridad de su genio.