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Nelson Rivera

Libros: Salman Rushdie

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Casi setecientas páginas tensadas de punta a punta por la memoria milimétrica de Salman Rushdie. Memoria de los detalles y de los muchos lugares en los que tuvo que esconderse; de las personas que lo resguardaban y de las variaciones del clima; de los vaivenes políticos, policiales e institucionales alrededor de su caso; de los gestos y las palabras que le correspondió escuchar por más de nueve años, los más de nueve años que pasó escondiéndose de la fetua, decreto emitido por el régimen teocrático de Irán a comienzos de 1989, entonces encabezado por el ayatolá Ruhollah Jomeini, que lo condenaba a muerte por su libro Los versos satánicos.

En un instante la vida del escritor hindú (nació en Bombay, en junio de 1947), fue arrancada de su tempo y de sus inclinaciones, para convertirse en un sobresalto constante, en el vertiginoso paso de un escondite al siguiente. Si fuese necesario reducir la riqueza polimórfica de este libro a una fórmula, diría que el relato de Rushdie transcurre entre la voluntad de vivir (no dejarse matar por el fanatismo) y la lucha que le correspondió entablar, en inferioridad de condiciones, con los poderes que, bajo el precepto de proteger su vida, también, de algún modo, intentaron, y por momentos lograron, secuestrarle la existencia.

Además de escoger la tercera persona como posición narrativa (habla de sí mismo como si él fuese un observador omnisciente de las reacciones y conductas del perseguido Rushdie y de los hechos asociados a su condición de hombre en estado de huida), el autor tomó el camino más exigente para construir su relato: dar cuenta, hasta en sus detalles más ordinarios, del profundo impacto de la fetua en el devenir de las horas y los días. Rushdie logra que las múltiples fuerzas en juego, que la intrincada malla de asuntos que rodean su situación, adquieran la consistencia de lo cotidiano y se presenten desde el dislocamiento masivo que la lógica policial, las medidas de protección y su propia decisión de ponerse fuera del alcance de los asesinos, desataron sobre los horarios, el descanso, el trabajo, la relación con su hijo y con todo lo que solía ser básico y esencial en la vida del escritor.

Joseph Anton (Random House Mondadori, Colombia, 2012), el nombre que Rushdie escogió para su vida en la clandestinidad es, a la vez, su homenaje a Conrad y a Chéjov. Diré que, se lo haya propuesto o no, de uno y otro hay en estas hilvanadas memorias: de Conrad, la conexión con el sentido vital de esta aventura que el fanatismo impuso a la vida del escritor; de Chéjov, unas escenas donde, con mínimas palabras, el hombre perseguido y secuestrado revela el hondo patetismo de su condición, sin separarse nunca de la dignidad que tiene el sufrimiento de los seres humanos.