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Nelson Rivera

Libros: Richard Sennett (1/2)

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Llegó un momento en el que la influencia que los judíos ejercían en la economía no logró contener el odio acumulado. Dos siglos atrás, alrededor del año 1300, la persecución que se había desatado en Alemania los había obligado a huir hacia el norte de Italia. Hacia 1510, los ataques a los judíos que vivían en Venecia, arreciaron. En 1515 se ordenó la creación del gueto, en el que vivieron a partir de 1516: allí iban los cristianos durante el día a pedir dinero en préstamo o a hacer negocios. Aquél no fue un espacio de expulsión sino de segregación. Comento “El gueto judío de Venecia”, uno de los dos ensayos incluidos en El extranjero. Dos ensayos sobre el exilio (Editorial Anagrama, España, 2014), del sociólogo norteamericano Richard Sennett (1943).

La segregación devenida en “sensación de identidad”. Al no mezclarse, al vivir confinados, ajenos a la mirada de la ciudad, se fueron haciendo enigmáticos para el poder que los había cercado. Las fantasías aparecieron y fueron ocupando el espacio de la realidad. En aquella Venecia de extranjeros, donde la palabra de los intercambios tenía la fuerza del contrato (Sennett relaciona el contrato verbal, la palabra dada, con la libre expresión), el espacio de la marginación adquirió el sentido de espacio de identidad: vivían unidos en la diferencia compartida: eran judíos construyendo un carácter colectivo.

En aquél espacio segregado, bebían café, se mantenían despiertos, estudiaban y oraban. Pero el espacio se degradaba, obligados a dividir los apartamentos, cada vez más reducidos. La riqueza –que a menudo derivaba de la práctica de la usura-, se asoció al declive corporal (Sennett nos obsequia con una brillante observación sobre El mercader de Venecia, de Shakespeare: más que sobre el intercambio, el tema de fondo de la pieza es la indiferencia, que es el ethos de la figura del contrato).

El espacio de segregación adquirió la configuración de lo que se oculta. El pogromo de 1636 fue una reacción contra la fantasía de lo que allí se ocultaba. “En un espacio-gueto percibido desde fuera, la fantasía convierte la diferencia en una otredad incomprensible”.

Los derechos locales que los judíos habían logrado alcanzar en ese espacio de segregación e identidad (lo que sugiere al judío como una figura más compleja que la pura víctima vapuleada por los acontecimientos externos), se perdieron. La policía del Estado (de la ciudad de Venecia) no pudo contener la violencia de la turba. “Los historiadores discuten hasta qué punto la policía formó parte de la turba, pero lo cierto es que el hacinamiento de tantos judíos, al dar consistencia espacial a la comunidad, permitió, una vez violentadas las puertas, atacarlos como animales acorralados para la matanza”.