• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Nelson Rivera

Libros: Raymond Murray Schafer (4/4)

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La era posindustrial ha borrado o arrinconado al silencio: cada vez se le escucha menos (en sus aforismos, Elías Canetti nos advertía de las funestas consecuencias para el espíritu como consecuencia de no contar con espacios de silencio, que nos facilitasen desconectarnos, aunque fuese por unas horas, de nuestro agobiante alrededor). No hay silencio, sino barreras acústicas que nos confinan a ciertos encierros sonoros: tal la finalidad del hilo musical (El paisaje sonoro y la afinación del mundo, Intermedio Editores, España, 2013).

Una extensa parte del libro de Murray Schafer está dedicado a la música como expresión de los cambios en el paisaje sonoro, así como al tema de notación musical (la música se resiste a ser anotada). Durante 500 años, los compositores de Europa nos suministran las claves para pensar la cultura. El auditorio imita a la naturaleza pero también hizo posible el espacio absoluto de la música. La orquesta metaforiza las fuerzas que interactúan en la ciudad. Vivaldi o Haydn escriben paisajes musicales. Händel vuelca la urbe en algunas de sus partituras. Schubert "hizo que el paisaje actuase para él. Las experiencias de la vida moderna se incorporan o penetran la música. La bocina, el amplificador (que puede convertir la música en un instrumento de dolor), las distorsiones, los efectos de aceleración o ralentización, los auriculares, las mezclas, la globalización: todo ello multiplica las formas de los espacios sonoros.

Las tecnologías aportan instrumentos que permiten visualizar y estudiar la tridimensionalidad de las imágenes. Clasificaciones como las de objetos sonoros, acontecimientos sonoros y paisajes sonoros, son instrumentos para pensar lo sonoro como campo de interacciones. Otras, basadas en las características acústicas (físicas) de los sonidos, psicoacústicas (referidas al modo en que son percibidas), estéticas o en relación con su significado (semióticas) hacen posible ahondar en los vínculos entre hombres y sonoridades. De estas tipologías se desprenden las investigaciones que indagan en las fobias sonoras (el horror que produce la tiza sobre la pizarra, por ejemplo) y en la contaminación acústica, preocupación cada día más extendida en el planeta.

Cada vez escuchamos menos el polirruido del mar, las incalculables y sofisticadas variaciones del viento. El tráfico nos arropa: debe ser la más importante fuente de ruido de todos los tiempos. En el año 44 a. C., Julio César aprobada una ley que impedía que los vehículos con ruedas circulasen en las noches. Más de 21 siglos después, el problema es todavía mayor y reta a los arquitectos, urbanistas y planificadores del mundo que viene.