• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Nelson Rivera

Libros: Margo Glantz

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Margo Glantz (Ciudad de México, 1930) me hace pensar que no debe ser cierto que un buen destilado es el fruto exclusivo del paso del tiempo. Destilar es refinar, hacer esencial. Escoger, separar lo que excede. Producir para que, en un mínimo sorbo, sea posible paladear lo mejor de un producto. Leo en el Breve Diccionario de la Lengua Española, de Guido Gómez de Silva, que su raíz latina (destillare) conecta la palabra destilar con la palabra destello: y, en efecto, esa conexión me permite explicarme: todo en Saña destella. Todo expresa un estado del espíritu.

Saña es un libro con su propia andadura. Una primera versión fue publicada en Perú (2006), México (2006) y España (2007). La edición que he tenido el privilegio de leer fue publicada en el 2010 (Editorial Eterna Cadencia, Argentina) y contiene más piezas que las anteriores. Esto es: más delicados frutos.

Está conformado por más de 200 textos breves que dan cuenta de un libre conectarse con las cosas del mundo. Como si fuese un reporte, en apariencia disperso, de los intereses de una vida: breves historias o escenas también breves, sagaces comentarios de lecturas variopintas, anotaciones perspicaces o paradójicas, reflexiones de un alma creativa que se involucra cuando viaja, cuando el sonido de una palabra atrapa su atención. Glantz, y quizás su condición de judía no sea ajena a esto, se reconoce en cuanto la rodea.

“Ayer fui al médico: es un imbécil: pequeño, ventrudo, desordenado. Me dice que cuando se es médico hay que creer en Dios porque las cosas varían tanto y uno está tan cerca de la muerte que si no se cree en Dios no se puede ser médico, ¿se necesitará industria, además de fe?, le pregunto. No, contesta, industria no; sí, lo corrijo, me refiero a la industria en el sentido en que se usaba la palabra en el siglo XVI, es decir, el esfuerzo, el trabajo. Me mira desconcertado. Salgo furiosa del consultorio”. He escogido este fragmento para señalar algo que es el sello Glantz: la condición exquisita de su relacionarse, la cuestión de la personalidad que pone en juego cuando escribe.

Copio otro de sus breves, a modo de cierre: se llama Intercambio cultural, y dice: En la conferencia de Wannsee, el día en que Heidrich anunció las estrategias para instrumentar la llamada Solución Final y el secreto con que se debería ejecutarlas, Eichmann describió con minucia uno de los experimentos previos de aniquilación masiva y explicó el efecto que sobre los cuerpos de las víctimas producía el gas de los escapes de los camiones que conducían a miles de judíos al campo de concentración y exterminio de Chelmno, Polonia: a medida que el gas los asfixiaba, iban poniéndose de un color rosado y, al morir, sus cuerpos se teñían de un color rojo escarlata, casi morado.