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Nelson Rivera

Libros: Laurent Seksik

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Fui hasta el final, a pesar de que muy rápidamente entendí que Los últimos días de Stefan Zweig (Ediciones Casus-Belli, España, 2012) no lograría sobreponerse a la figura y al poderoso influjo del escritor austríaco. Puedo suponerlo: Laurent Seksik (1962), médico y también autor de una biografía de Albert Einstein, no tuvo el aliento para ir más allá de su admiración por el maestro. Y es quizás a causa de su estructurado conocimiento de la vida y obra de Stefan Zweig que su “novela” ha sido doblegada por el mismo Stefan Zweig.

Zweig pesa y se expande. Se apropia del territorio mental del lector. Establece tal estado de tensión en sus relatos, que el más leve gesto de cualquiera de sus protagonistas nos revuelve el espíritu. Todo palpita en Zweig, todo conduce a un posible punto de quiebre: le habla a nuestra condición sensible, habla de la disposición al drama que subyace en los intercambios humanos. Pero la enormidad de Zweig no termina allí. Al escritor se suma la conmoción que nos produce el hombre: la criatura herida y espantada, dedicada a huir los últimos años de su vida, que junto a Lotte, su mujer, se suicidó en la ciudad de Petrópolis, Brasil, el 22 de febrero de 1942.

Y es allí, en ese intersticio, donde el empeño de Seksik desfallece. Escoge escribir una novela (?) basada en la biografía de Zweig, que salpica de algunas escenas imaginadas (no sabría cómo sostener esto que acabo de afirmar: no sé si puede decirse que son “imaginadas” unas escenas que amueblan lo obvio). Es decir, un breve libro que no es novela ni biografía sino titubeo. Relato en deuda. Respiración artificial. Diluida recapitulación del conocido trecho final de Zweig.

Digo que Los últimos días de Stefan Zweig no pertenece al reino de la literatura: nada en él proclama su autonomía. Nada se afirma. En ninguna parte se traza un límite o se establece una distancia de Zweig. A Seksik le pasa algo que conozco bien: guarda una admiración por El mundo de ayer, la más refinada y polivalente indagación de la nostalgia que yo haya leído, nostalgia de la sentimentalidad y las ilusiones ilustradas, nostalgia por ese modo de soñar y pensar el mundo que fue aniquilado por nazis y bolcheviques.

Y es por eso que sostengo que el Zweig de Seksik ha sido aplastado por el Zweig de El mundo de ayer. La narración de Seksik no atina a salir de un pastoso espacio que reproduce la nostalgia. La “nostalgia” de Seksik carece de contrapesos y modulaciones. Es nostalgia sin corporeidad, opaca, que olvida que a Zweig le gustaba la vida –aun cuando finalmente se haya suicidado– y que escribió esta frase inolvidable: “Los días memorables de la vida tienen una luminosidad más intensa que los normales”.