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Nelson Rivera

Libros: Józef Czapski

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La edición incluye las reproducciones de varias hojas de papel amarillentas, que contienen los esquemas de las conferencias que Czapski dictaba. No importa que el lector no entienda la lengua polaca: en la escenificación de palabras y frases, de rayas y flechas que unen unas ideas con otras, de gruesos óvalos que destacan una fecha, de pequeños retratos de escritores como Merimée o Daudet ubicados en algún extremo de algunas de las páginas, está volcada la ansiedad, la complejidad, el espíritu y el voluntarismo sin fisuras de Józef Czapski (1896-1993), escritor y pintor polaco.

Pertenecía a la aristocracia de Polonia: su madre y su padre eran condes. En San Petersburgo finaliza el bachillerato, recibe lecciones de piano y estudia Derecho. Participa en acciones humanitarias para enfrentar la hambruna ocasionada por los bolcheviques. Al regresar a Polonia, en 1919, se incorpora al ejército y combate en la guerra ruso-polaca. En 1921 ingresa en la Academia de Bellas Artes de Cracovia. Entre 1924 y 1930 vive en París, donde a menudo sobrevive en condiciones de extrema pobreza. Postrado por el tifus, lee a Proust en 1926. Desatada la guerra, en septiembre es hecho prisionero como combatiente de un ejército de Cracovia. A partir de 1940 pasará 18 meses en campos de prisioneros soviéticos (Czapski fue uno de los sobrevivientes de la matanza que los comunistas organizaron en Katryn).

Czapski fue uno de los 400 soldados polacos (de más de 15.000), que logró sobrevivir a la esclavitud y a temperaturas de 45 grados bajo cero. Y uno de sus recursos, sorprendente por el ambiente que rodeaba la experiencia, fue participar de un programa de charlas que los detenidos organizaban “para defender nuestros cerebros de la herrumbre”.

Aquellas hojas amarillentas y la ayuda de otros detenidos hicieron posible que, tras su liberación en 1941, Czapski pudiese reconstruir Proust contra la decadencia. Conferencias en el campo de Griazowitz (Ediciones Siruela, España, 2012), que es, como el mismo autor aclara, no un ensayo, sino el relato de los recuerdos que Czapski podía reconstruir de sus lecturas de En busca del tiempo perdido, y también del contexto literario y más allá, en que esta obra fue leída, rechazada pero también elogiada por algunos. Texto de aciertos, intuiciones, lagunas y ofrendas, su mayor significación radica en el heroísmo del que da cuenta: el de la cultura y sus referencias como un recurso de la resistencia: atiborrados en una sala infame, apenas decorada con unos retratos de Marx y Engels, sometidos a un programa de extenuación que tenía como objetivo la muerte de cada uno, el hecho de recordar libros y pinturas, y dar rienda suelta a esos recuerdos, logró que este puñado de hombres salvaran sus vidas.