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Nelson Rivera

Libros: José Ovejero

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En El Lazarillo de Tormes, en Los desastres de la guerra de Goya, en El perro andaluz de Buñuel, en La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela, en fiestas populares de España: "En un pueblo se lanza a una cabra desde un campanario; en otro, lugareños con los ojos vendados y un sable en la mano se esfuerzan en decapitar gallinas; en otro, jinetes al galope intentan agarrar el pescuezo de los gansos que cuelgan en una cuerda para retorcérselo; en otro, toda la población participa en la cacería de un toro, que culmina cuando alguien es capaz de acabar con él de una lanzada; en otro, en fin, los lazos vecinales se estrechan durante la tarea colectiva de ejecutar con dardos a un toro". Dice José Ovejero (1958) que hay en España un vínculo, una fascinación, un regreso permanente a la crueldad que está presente en su cultura.

Pero no es España el objetivo de La ética de la crueldad, ensayo con el que Ovejero logró el Premio Anagrama de Ensayo 2012, sino la reflexión alrededor de esta idea: que hay una crueldad que puede concebirse como propuesta ética, puesto que ella confronta las ideas y visiones del mundo con las que nos acomodamos para sentirnos en tibia paz. Si nos incita a reconsiderar nuestros prejuicios; si ofrece perspectivas distintas y agrega complejidad a las verdades que damos por servidas; si funciona como un instrumento desmitificador; si debilita el impulso de la sobredeterminación, que es esa tendencia a pensar que causas simples son el origen de complejos fenómenos; si nos permite agregar matices al tejido de nuestras percepciones, entonces, tal es la tesis de José Ovejero, hay formas de la crueldad que podemos considerar éticas (Ovejero, además de ensayista, es narrador, poeta y dramaturgo).

Ovejero repasa los usos de la crueldad: como instrumento de propaganda, como imperativo político o religioso, como recurso moral que justifique el estado de las cosas, como articulación narrativa central de cierta industria del entretenimiento, esa que nos convierte en espectadores del dolor ajeno: "La crueldad puede ser entonces complaciente al adaptarse a una función pedagógica que adula los valores dominantes y también puede serlo al quedar convertida en espectáculo inofensivo, en válvula de escape que satisface la curiosidad morbosa".

Ovejero aplica sus propias tesis y ensaya, en la parte final de su libro, sobre libros de autores como Juan Carlos Onetti y Cormac McCarthy, Elías Canetti y Georges Bataille, Elfriede Jelinek y Luis Martín-Santos. En estas lecturas se hacen patentes algunas de sus advertencias preliminares, en particular esta: "Quizás el drama de la literatura cruel, que siempre busca la lucidez, es que puede parecer tan radical como inoperante".