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Nelson Rivera

Libros: Franz Kafka (II)

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Copio aquí un fragmento de los Diarios que además de señalar la conexión vital de Kafka con la escritura, hace patente en pocas líneas al soberbio escritor: "En la oficina, dictando una comunicación importante dirigida al gobierno civil. En el final, que debía tomar vuelo, me quedé atascado y no podía hacer otra que mirar a la mecanógrafa, la señorita Kaiser, que, de acuerdo con su costumbre, se puso especialmente bulliciosa, desplazaba su sillón, tosía, tecleaba con los dedos en la mesa, y con ello atraía sobre mi desdicha la atención de todo el despacho. Ahora, la idea que busco adquiere un valor añadido: apaciguar a la señorita Kaiser, y cuanto más valiosa se vuelve, más me cuesta dar con ella. Finalmente doy con la palabra estigmatizar y la frase que va con ella, pero sigo guardándolo todo en la boca, con un asco y una vergüenza como si fuese carne cruda, cortada de mí (tanto esfuerzo me ha costado)".

Frases que registran, como las agujas de un sismógrafo, los más sutiles sentimientos; párrafos donde se increpa a sí mismo; ágiles bocetos de relatos que podría haber llevado más lejos; reconstrucción de sueños, volcados con maestría sobrecogedora; historias como La condena o El fogonero que hoy son referencias inexcusables de su obra narrativa; pedazos de conversación atrapados en el aire; suspicaces y brillantes escenas que dan cuenta de los poderosos instrumentos de observación con que Kafka paseaba por Praga; decenas y decenas de historias que nos incitan a pensar que para Kafka todo podía ser fijado por la escritura (era tal su conciencia al respecto que en alguna parte de los Diarios escribió: "Todo se resiste a ser puesto por escrito").

Ni siquiera la prodigalidad temática de los Diarios autoriza a sustraerse de la cuestión que aquí y allá pugna por encontrar su lugar en la superficie: el imperativo de escribir. Sea que Kafka se pregunte ("¿Será cierto que, una vez que uno ha aprendido por fin a escribir, ya nada puede fallar...?"); se recrimine ("No debería haber anotado estas cosas, porque al escribir he llegado a sentir contra mi padre un odio para el que hoy, al fin y al cabo, no me ha dado ningún motivo"); se descubra en sus deseos ("Tengo ahora, y tuve ya por la tarde, un gran deseo de sacar completamente de mí, mediante la escritura, todo ese estado de ansiedad en que me encuentro..."), su visión de sí y del mundo no se concibe fuera del hecho de escribir. Kafka respira en los diarios. Vive en la realidad y la potencialidad de la escritura. Los Diarios no son un modo de representar sino de vivir. Son registro, modo de ser (no de parecer). Lugar donde el tempo narrativo es desplazado por un tempo vital. Escritura para sí misma, extrañamente ajena al lector. Diré que indiferente al lector.