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Nelson Rivera

Libros: Elías Canetti (I)

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A priori uno puede creer que se trata no más que del amor fallido entre Kafka y Felice Bauer, y así entregarse a leer las Cartas a Felice bajo la expectativa de volver a encontrarse con la luz inaudita de la prosa de Kafka. Pero al poco rato uno puede sentir la incomodidad de estar en lugar inadecuado. Metido en turbulencias ajenas. Leyendo unas cartas que han podido permanecer fuera del alcance de los lectores. Puede uno preguntarse incluso cómo fue posible que la relación imposible entre ambos se extendiera más allá de unos pocos meses. También puede ocurrir que junto con verificar su genio sin fecha de caducidad, uno le abra la puerta a la sospecha de que los tormentos del caballero Kafka podían adquirir las proporciones de lo canallesco.

Si leerlas de punta a punta requiere de aliento y de una curiosidad de piernas firmes, estudiarlas y escribir sobre ellas como hizo Elías Canetti en 1968 tiene algo de pasión impenitente: la voluntad de la mente lúcida volcada sobre su objeto (“El otro proceso. Las cartas de Kakfa a Felice”, forma parte del volumen 9 de las obras completas de Canetti, publicado por Debolsillo, Random House Mondadori, España, 2013).

La devoción de Canetti por Kafka no compromete su sentido de la distancia: nada de lo que relatan las cartas a Felice, de lo que significan o de lo que intercambian con las otras escrituras de Kafka (novelas, relatos y diarios), queda fuera de su voluntad de intérprete. Canetti no se aparta de sus propias emociones: también lee con el corazón. Registra las temporadas, las tempestades y los pocos días amables que compartieron Kafka y Felice a lo largo de los años. Que hay una inteligencia que parece especialmente configurada para hacer indistinguibles las sensaciones de las ideas, lo prueba este deslumbrante ensayo de Canetti (1905-1974).

Canetti firma una hipótesis central en su ensayo: que las cartas (la relación epistolar con Felice), especialmente en dos épocas, fueron fuente vivificadora de la labor creativa de Kafka. “El otro proceso” se refiere, en concreto, al modo como el infeliz episodio que involucró a Felice y a su amiga Grete Bloch (como si se tratase de un tribunal, delante de otras personas, Kafka fue confrontado por ambas en la habitación de un hotel), se proyecta en El proceso. Antes, al comienzo de la relación entre ambos, Felice habría sido el dínamo que dio alas al productivo Kafka de 1912.

Lean a Canetti: “El grado de intimidad de estas cartas es inconcebible: son más íntimas que cualquier descripción detallada de una felicidad. No hay informe alguno de un hombre permanentemente titubeante que pueda comparársele, ni personalidad que se haya desnudado tan íntegramente”. Ellas muestran, sugieren o exponen al hombre, de un modo turbador y crudo.