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Nelson Rivera

Libros: Elías Canetti (II)

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Trenza urdida con un profundo sentido de las correspondencias: me parece que no hay un momento comparable en toda su obra (aunque debo advertir que no he leído su teatro), en el que Canetti haya dibujado y anudado con su inteligencia resuelta las confluencias y los rechazos, en este caso entre los tres autores a los que dedica “Proust - Kafka - Joyce: una conferencia introductoria”, ensayo de 1948 (pertenece al volumen 9 de las obras completas de Canetti, publicado por Debolsillo, Random House Mondadori, España, 2013).

Comienza por enunciar una tríada: la preocupación por la tradición heredada, que tiene en la memoria subjetiva su camino primordial (Proust); la preocupación por el momento presente, indagado a fondo y, a un mismo tiempo, aislado de otros momentos (Joyce); por último, la preocupación por lo venidero, lo amenazante e inasible (Kafka). Dice Canetti: “Todas las destrucciones pertenecen al futuro, todas las reliquias al pasado”.

Proust, Kafka y Joyce son distintos en muchos sentidos, pero el talante autobiográfico presente en sus obras invita a reunirlos. Canetti afirma que ninguna de las biografías que se han escrito de cada uno alcanza a superar lo que cada escritor averiguó de sí mismo en su propia obra. Desde esta consideración se interesa por el estado de soledad de cada escritor: Proust, que no renunció nunca a su inserción en la familia y al vínculo con su madre; Joyce, que experimentó un poderoso antagonismo hacia su padre y una posición muy crítica hacia su familia (“Apenas si sentía la comunidad de sangre con ellos, apenas si se imaginaba ligado a ellos más que por una especie de misterioso parentesco adoptivo: hijo adoptivo, hermano adoptivo”). En el caso de Kafka, como sabemos, vivió bajo el peso de una desdichada relación con su padre, afectado por el sentimiento de ser rechazado, quizás derivado de su tendencia a compararse con él (la Carta al padre tiene algo de ruego, de imploración que no encuentra finalmente consuelo).

También, sobre sus respectivas proyecciones autobiográficas, Canetti explora la sustancia, que es lo que cada escritor “realmente aísla”. En el caso de Proust, se trataba de una doble sustancia: el funcionamiento interior de su memoria y el profundo conocimiento que tenía de la sociedad parisina; de Kafka, Canetti destaca la fuerza que la duda tenía en su espíritu, así como la fascinación que sentía ante las realidades del poder o de lo poderoso; las sustancias de Joyce habrían sido la ciudad de Dublín, por una parte, y su capacidad incalculable de almacenar y apropiarse de las palabras. “Solo cuando examinamos Ulises con más detenimiento nos daremos cuenta de hasta qué punto el uso de las palabras había sido sencillo e ingenuo hasta la aparición de esta obra”.