• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Nelson Rivera

Libros: Edgar Morin (1/4)

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Momento de quiebre: Edgar Morin tenía 41 años y una súbita enfermedad le obliga a permanecer hospitalizado durante semanas. Corre el año 1962. A medida que se recupera, se reencuentra con el deseo de escribir. Pero no uno de sus libros estructurados, sino una sucesión de notas sin norte, prosa que recoge sus pensamientos dispersos. Cuarenta años más tarde decide publicarlo. Lo que en francés se tituló Le vif du sujet circula en español con el título de En carne vida. Meditación (RBA Libros, España, 2013). Racimo de temas que se diversifican, ramifican y, a veces, vuelven a nuclearse. En esta primera entrega me limitaré a comentar el prólogo y la primera sección, de alusivo título: Meandros y emergencias.

Morin usa el verbo renacer: “me encontraba en un estado placentario y renacía suavemente, de manera más vegetativa que animal”. En su lento salir de la somnolencia se pregunta por sus verdaderos problemas. Merodea alrededor de su yo. Todavía bajo la conciencia de la enfermedad asume que esa, más que una escritura, es un caldo de cultivo, un ir a por sí mismo. Morin entiende que la enfermedad es una estadía esencial. Desde esa vitalidad menguada piensa en su pensamiento. En el enciclopedismo (la dispersión, el policentrismo) como una fuerza cuyo magnetismo doblega en él, la atracción de la teoría general, del centro conceptual.

Metido entre las sábanas del hospital se observa. Piensa en el frenesí de sus últimos tiempos: las llamadas, una tras otras; viajes dentro y fuera de Francia; foros, coloquios, seminarios y conferencias, horas y horas sumergido en la enajenación del vuelo intercontinental. Embriaguez característica de quien es requerido con insistencia. Capas y capas de conocidos que se acumulan y se olvidan. Amistades que se posponen. El colapso tiene una secuela benévola: la redención de quien ha sido sustraído de su torbellino y puede experimentar sin apuro, los susurros y matices del sufrimiento y de la felicidad.

Vida regida por las urgencias: Morin examina su crónica falta de tiempo. Y no se oculta su avenimiento con el apuro. “Siempre me ha gustado la urgencia, mi urgencia, porque forma parte del espíritu del tiempo. Hay algo embriagador, y diría que incluso algo verdadero (dado que esa palabra ilumina la más oscura de todas, sí, ya volveré sobre la ‘verdad’), en la urgencia (…..) La urgencia moderna se corresponde con la naturaleza desintegrante del universo y, al mismo tiempo, es el reflejo inmediato de la lucha contra esta desintegración”.

La velocidad –la urgencia– tiene la propiedad de conectar al sujeto con la dimensión del cosmos. Morin no reniega. Al contrario, sostiene: Quien no haya vivido la experiencia de la urgencia quizás no haya sentido nunca el escalofrío turbulento del cosmos.