• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Nelson Rivera

Libros: Edgar Morin (II)

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La banda media y “el resto”. Explica Edgar Morin: la banda media es el campo mental de su trabajo. Las materias de las que se ocupa en sus libros. Hipótesis y verificaciones donde confluyen la historia, la sociología, la antropología, la política. ‘El resto’ son las sensaciones y pensamientos generados por la angustia de vivir, las visiones de lo incomprensible, los enigmas del mundo –la mística, la magia, la metafísica, lo insoluble, lo que sobrecoge-. Edgar Morin (hasta donde alcanzo a entenderlo, un pensador imprescindible del siglo XX), sugiere: hay que asumir el riesgo de avanzar hacia lo indescifrable. Y aclara: ni abandonar la herencia hegeliano-marxista de la que proviene, ni dejarse atrapar por ella. En otras palabras: operar en las fronteras de la banda media. Asomarse a su más allá, a los límites donde realidad e irrealidad se entrecruzan (doy aquí parte muy parcial de algunas de las cuestiones presentes en el libro En carne viva. Meditación, publicado por RBA Libros, España, 2013). Experimentar la banda media en actitud de mirar lo que está fuera de su campo. “¿Cómo es posible que me encarnice por defender la realidad contra el mito, la racionalidad contra la mística, el hecho contra la magia, cuando, por otra parte, veo la magia como fundamento de la realidad, el mito como inseparable de nuestras vidas y la mística ligada a nuestra participación en el mundo?”. En la banda central, logos y existencia dan una batalla sin final.

Ante la fórmula de Demócrito, que decía que quien intenta saberlo todo acabará por no saber nada, Morin se pregunta cómo no intentar saberlo todo. Y es quizás para atender a ese anhelo que, en una nota fechada el 7 de diciembre (¿1963?), comienza a sumar ideas –apuestas- sobre lo que llama El pensamiento sano. El pensamiento sano no se propone descifrar el enigma; no busca la última palabra (en este mundo donde abundan los satisfechos de la última palabra); permanece en estado de insatisfacción; no busca una estructura absoluta, pero no renuncia a la estructura. El pensamiento sano conecta. Reconoce el entramado de objetivación y subjetivación. Incorpora la tensión entre totalidad y detalle. Acepta que la dialéctica debe aliviar el peso de la contradicción y fundarse en un principio de identidad.

El pensamiento sano incorpora las limitaciones, como por ejemplo, la existencia de un punto ciego, un lugar que nuestra comprensión no logra visualizar. “Diría que no hay elucidación sin sombra”. O la fragilidad de nuestro intelecto. O, quizás uno de los puntos de la reflexión de Morin que, como un látigo, nos restalla en la cara: que un necesario pensamiento de lucha, más que contra un enemigo exterior, debe ser generador de una autopolémica, de una confrontación con nosotros mismos.