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Nelson Rivera

Libros: Carlo Ginzburg

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Cirujano que separa, en la abigarrada madeja de su erudición, unos elementos de otros. Que deslinda. Que en el lugar donde nuestras percepciones no alcanzan a distinguir las diferencias, avanza con su delicado bisturí, para mostrar al lector la condición específica, diferenciada, que tienen los hechos de la historia. El terreno que Carlo Ginzburg explora es complejo. El título de su libro nos aproxima a la cualidad de su propósito: El hilo y las huellas. Lo verdadero, lo falso y lo ficticio (Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2010).

Turinés nacido en 1939, en esta colección de quince ensayos y un apéndice, desgrana y extrae entre el antiguo tema de verdad y ficción una tercera y perturbadora dimensión: lo falso, lo no auténtico, lo que originado en la ficción se propone como verdadero. En el titulado “Descripción y cita” (donde analiza las citas como procedimientos que tienen como objetivo representar la verdad), Ginzburg nos recuerda que una afirmación verdadera, una inventada y otra falsa, en el plano formal, no guardan diferencias. Eso lo conduce a su exploración por casos emblemáticos.

Algunos episodios del método Ginzburg: En “La conversión de los judíos de Menorca”, elogia el famoso libro de Peter Brown, El culto de los santos, pero desmonta la arquitectura narrativa que hace posible que el historiador inglés oculte las múltiples tensiones entre cristianos y hebreos. Cuando visita el ensayo de Michel de Montaigne, “De los caníbales”, que tanta tinta ha causado, el turinés aparta elogios y ataques, para intentar restituir el marco mental de la época, en que Montaigne pensaba y escribía. Dice Ginzburg: “El esfuerzo de Montaigne por comprender a los indígenas brasileros se nutría de una atracción por aquello que era extravagante, remoto y exótico, por las novedades y curiosidades, por las obras de arte que imitaban a la naturaleza y por los pueblos que parecían cercanos al estado de naturaleza”.

Uno de enorme actualidad: “Tolerancia y comercio. Auerbach lee a Voltaire”. A partir del extrañamiento (sobre este recurso literario, Ginzburg tiene un libro imprescindible, Ojazos de madera. Nueve reflexiones sobre la distancia, de 1998), tan usual en Voltaire, y que éste había recibido en herencia de Swift, Ginzburg se intercepta la condición racista de Voltaire, pero la aleja de la posibilidad de que ella pueda leerse como un antecedente del pensamiento nazi.

Se me acaba el espacio, pero todavía alcanzo a decir: entre los ensayos que seguramente volveré a leer, está el titulado “Detalles, primeros planos, microanálisis. Notas marginales a un libro de Siegfried Kracauer”, donde debate aquello que afirma y aquello que niega la presencia de cierto mesianismo en el pensamiento de Kracauer.