• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Nelson Rivera

Libros: W. H. Auden (3/3)

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Las diferencias profundas entre la lengua francesa (la de Paul Valéry) y la inglesa (de Wystan Hugh Auden) inducen a este último a establecer una hipótesis: es posible que “su” Valéry no sea más que una invención suya. Que todo cuanto ha leído del francés poco o nada tenga que ver con la intención y el significado de lo escrito en el original.

El ensayo de Auden se titula “Un hommed’esprit” y forma de El arte de leer (Editorial Lumen, España, 2013). Es un razonado homenaje a esa mente fuera de toda clasificación, que se expresara, no en la poética de El cementerio marino, ni en esa obra de genio que es Monsieur Teste, sino en los Cuadernos, compendio de más de cincuenta años de anotaciones que Valéry, quien todas las madrugadas, entre 1894 y 1945, plasmaba dando cuenta de sus ejercicios mentales, de la persecución sin tregua que hizo nada menos que del pensar, es decir, de su propio pensar, de su propia lucha por escapar de los cantos de lo incoherente, por salir indemne de las desviaciones que nos acechan en nuestra relación mental con el mundo.

Auden, con una dosis de lúcido atrevimiento, condensa en tres los motivos que serían recurrentes en los mencionados Cuadernos: uno: “La cognición reina, pero no gobierna”; dos: “A veces pienso, y a veces, soy”; tres: “No pido inspiración ninguna, excepto la de ese elemento de azar que es común a todas las mentes; a partir de ahí, viene el arduo trabajo que batalla sin cesar ese elemento azaroso”.

Del amplio temario que es la materia de los Cuadernos, Auden, poeta a fin de cuentas, prefiere las que se ocupan de la poesía, aunque, reconoce, con frecuencia Valéry habla de los poetas en un tono cuyo objetivo es encender las mechas de la polémica. Por ejemplo, cuando señala dos categorías de poetas detestables: los que corren tras el aplauso, mediante “sonoras o violentas vaguedades”, y los naturalistas, que simplemente registran los hechos que tienen frente a sí mismos.

Valéry descreía de la novedad. En una frase que bien podría calzar a la poesía de Auden, estaba convencido de que el poema debe ser una expresión de la inteligencia. Un conjunto del que saltan ideas. Y es esa poética en común, que Auden reconoce en Valéry, la que subyace en su patente gratitud hacia el maestro francés: “Cuando me atormenta más que de costumbre uno de esos terribles diablillos mentales: la Contradiction, la Obstination, la Imitation, el Lapsus, la Brouillamini, la Fange-d’Ame; cuando quiera que me siento en peligro de convertirme en un homme sérieux, es a Valéry, un homme d’esprit donde los haya, más que ningún otro poeta, a quien pido ayuda”.