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Nelson Rivera

Libros: W. H. Auden (2/3)

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Parte del vínculo personal: griegos (y romanos) forman parte de los recuerdos de la escuela. Auden señala una paradoja: la discontinuidad histórica entre la Grecia clásica y nuestro tiempo ha provocado un resultado: Grecia ha sido remodelada, redescubierta, recordada de muchas maneras, como si cada nación hubiese sido autorizada a disponer de una interpretación propia. Comento “Los griegos y nosotros”, uno de los ensayos que integran El arte de leer (Editorial Lumen, España, 2013).

El repetido deseo de volver a los clásicos tropieza con una dificultad: cada traducción representa una pérdida de sentido. Entre la lengua griega y la inglesa se levanta una brecha: se trata de sensibilidades distintas, referidas a la distinta complejidad perceptiva y de la expresión.

Una medida: “Si una civilización ha de juzgarse según el doble patrón del grado de diversidad obtenido y el grado de unidad conservado, difícilmente resulta exagerado afirmar que los atenienses del siglo V a. C. fueron las personas más civilizadas que han existido jamás”. Otras: las múltiples formas de organización que ensayaron en un área geográfica relativamente pequeña; la disposición para recibir influencias y apropiarse de nuevos conocimientos; la idea de que la educación debía alcanzar a todos los ciudadanos; la concepción espartana de que el Estado es distinto de la clase dirigente o del individuo; la presunción de que todas las cosas tienen un fundamento en común (el número o la materia).

Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes, Sócrates, Platón, Aristóteles, Pericles, Demóstenes y Tucídides: todos fueron atenienses. Allí, la figura del dramaturgo alcanzó la más alta consideración que ha tenido a lo largo de la historia; allí la filosofía estableció las bases de las búsquedas y los métodos que han sido por siglos y milenios el afán de los pensadores de todas las épocas. A la mentalidad griega se opone la conciencia judía. Auden sostiene que la cristiandad es la confluencia de ambas tradiciones. El cristiano oscila entre una frivolidad terrena y una “falsa espiritualidad ultramundana”, ambas pesimistas.

Luego de exponer una posible caracterología del héroe homérico, Auden analiza otras versiones: el héroe trágico, el erótico, el contemplativo (el intelectual sería una de sus encarnaciones) y el cómico.

Pero es quizás el que nos hayan enseñado a pensar la que podría ser la más duradera huella griega a nuestra civilización: el arte de deslindar, de pensar el pensamiento, el entendimiento de las coincidencias y las discrepancias, la proyección hacia los posibles escenarios: “En vez de dar respuestas inmediatas, entendieron que era posible suponer que las cosas podían ser de cierto modo y enseguida preguntarse qué pasaría si ese fuese el caso”.