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Nelson Rivera

Libros: Agustín Serrano de Haro

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Apuntar nos exige suspender o posponer el mundo. El esfuerzo de hacer puntería, de apuntar a un blanco reclama poner en funcionamiento una específica economía de la atención: por una parte, desatender, relegar, imponer un olvido aunque sea temporal sobre aquellas cosas que, desde adentro de nosotros mismos o desde lo que nos rodea, nos inquieren y perturban; por la otra, será menester, no concentrarse sino mucho más: reconcentrarse, potenciar la atención en el objetivo de dar en la diana. Hacer puntería es poner al cuerpo y a la mente en disposición de acertar, asegurar que se alíen en el deseo de dar en el blanco.

Delicado y primoroso libro: La precisión del cuerpo. Análisis filosófico de la puntería (Editorial Trotta, 2007). Filósofo, fenomenólogo, estudioso de Hannah Arendt y traductor de sus Ensayos de comprensión al español, Agustín Serrano De Haro se ha avenido a ensayar filosóficamente sobre el fenómeno de apuntar y lanzar que, de tan cotidiano y básico, bien podría parecer ajeno a la voluntad de un pensador. Apuntar y lanzar son condición exclusiva de lo humano, pero también pasión inveterada, quizás porque fallar es "posible por principio". Se puede afinar todavía más,  llevar la concentración a su estado de máxima pureza, pero ella no alcanza nunca el estado de certidumbre total.

Gobernar la mente, apaciguar las distracciones: a ello se aboca el lanzador antes de dar inicio a su lanzamiento. El proceso de apuntar significa reconfigurar el espacio: todo blanco ha de estar particularizado (individualizado) en relación con su entorno. Remítase el lector a su propia e insuperable experiencia: hay un instante, justo antes de lanzar una insignificante bola de papel a la cesta, en el que el tiempo parece detenerse, en el que un expectante silencio ocupa nuestros sentidos, hasta que iniciamos el movimiento de nuestro brazo.

Impulso y ponderación; o quizás ponderación e impulso: apuntar demandas ciertos equilibrios. Esos equilibrios pueden estar asociados a rituales. O vincular de forma intransferible el instrumento (como el arco de tiro) al cuerpo del tirador. Serrano de Haro cita a EugenHerrigen, autor de Zen en el tiro con arco: “todo eso: el arco, la flecha, el blanco y yo estamos entretejidos de tal manera que ya no me es posible separar nada. Y hasta el deseo de separar ha desaparecido”.

Pensar la puntería es aproximarse a una condición primigenia, es ir en pos de ese "tino peculiar y algo misterioso", indisociable al cuerpo y al yo. Hacer puntería es reconocer la falibilidad esencial a lo humano. Porque de algo cabe certidumbre: "el acierto no es forzoso, pero tampoco es fortuito, es más bien gratuito; no es casual, tampoco necesario, es que sencillamente se atina".