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Oswaldo Álvarez Paz

Libre comercio

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Lo que sucede es intolerable para cualquier sociedad que se respete a sí misma. Vivimos en el reino del disimulo y la mentira, instrumentos adecuados para montar, una tras otra, las farsas para esconder la realidad de un país en ruina. Pasamos de un escándalo a otro sin que nada pueda investigarse o que, al menos, podamos ver a responsables de la ineficiencia y la corrupción pagando judicial y políticamente sus desafueros.

Lo que sucede con relación al aumento del precio a la gasolina ya llegó a lo ridículo. Es parte del anunciado sacudón de un Maduro irresoluto e incompetente. En el fondo está la dura realidad. Tanto la industria petrolera como las industrias básicas de Guayana están quebradas. Los responsables siguen en lo mismo. Parecieran los verdaderos gobernantes. Por lo menos dueños del poder y del dinero. Lo de Citgo está recibiendo el rechazo de la nación y las observaciones críticas de la opinión mundial vinculada al petróleo. Pero no les importa. La manipulación y la mentira pretenden esconder la realidad de una tesorería nacional sin fondos, ni siquiera para cubrir los gastos ordinarios del gobierno y un Banco Central que pasará a la historia con mucha más pena que gloria.

No cabe en estás líneas un análisis integral de todas las cosas que están sucediendo en este momento. Vamos a centrarnos en el polémico cierre de la frontera colombo-venezolana con el pretexto de luchar contra el contrabando de gasolina y de alimentos. Esta política es inaceptable. Con relación al tema de la gasolina se han tomado montones de medidas. Identificación especial para usuarios de Táchira y Zulia desde hace más de un año, militarización desproporcionada de los municipios fronterizos, comandos especiales para cualquier cosa y todo, sin excepción, ha fracasado y fracasará. El problema mayor es la complicidad abierta y encubierta de autoridades civiles y militares con este tráfico que no excluye el gravísimo problema del narcotráfico y todo lo que de él se deriva. A eso se agrega la dura realidad del precio de los combustibles y la falta de seriedad para encarar el problema.

Con relación a lo demás, me niego a hablar de contrabando en términos delictuales. Se trata de un comercio informal existente desde tiempos inmemoriales. Quienes nacimos y crecimos en zonas fronterizas lo sabemos. Cambia de dirección de acuerdo con las realidades de la oferta y la demanda determinadas por el buen o mal manejo que cada país hace de sus actividades productivas y de sus políticas sociales. El problema actual no se resuelve con medidas represivas para proyectar lo que no es.

Necesitamos un buen gobierno. Apegado a la Constitución y a las leyes. Debe estimular la iniciativa privada, el aparato productivo, el trabajo y la competencia para que el proceso sea favorable a Venezuela. Lo demás es paja de la mala. En consecuencia debería decretarse ya una zona franca, libre, en los municipios fronterizos como primer paso para discutir y acordar un serio tratado de Libre Comercio entre Venezuela y Colombia. Esto incluye las inversiones y la problemática cambiaria. Tenemos economías complementarias. Zulia y Táchira, en corto plazo, serían nuevamente ejemplo de productividad y bienestar para los pueblos de ambos lados de la frontera.

 

oalvarezpaz@gmail.com