• Caracas (Venezuela)

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Pablo Aure

Letras muertas

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Hoy se cumplen quince años de la aprobación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Analizando esa fecha en retrospectiva, pareciera entonces  que la naturaleza nos anunciaba que algo muy malo sucedería. Recordemos que durante los días 15, 16 y 17 de diciembre del año 1999 se produjo un desastre natural en las costas de Vargas, Miranda y Falcón. Miles de muertos y desaparecidos. Aunque las cicatrices de aquel deslave permanecen intactas debido a que las zonas afectadas todavía no han sido reacondicionadas, con nostalgia me atrevo a afirmar que de esa tragedia solo se acuerdan los que la padecieron perdiendo familiares y hogares. Así es nuestro pueblo. Tenemos una memoria sumamente frágil y el tiempo se encarga de pulverizarla. 

Aprobar el nuevo texto jurídico era lo primordial. Los muertos y la catástrofe nacional pasaban a segundo plano. No olvidemos que en aquel aciago día el pueblo de Vargas desesperadamente pedía ayuda mientras que Hugo Chávez pedía votos. Desde luego, cambiar la Constitución de la República era imprescindible para sus fines posteriores. Una vez que entró en vigencia la carta magna, inmediatamente aprovechó su popularidad para realizar el proceso de “relegitimación”, lo que garantizó que los poderes públicos quedaran en las manos que él decidió. Lo demás es historia reciente pero absurdamente poco recordada. 

Resulta inoficioso comentar el contenido de la Constitución porque una cosa es lo que en ella está escrito y otra muy distinta es lo que acontece en la práctica. Para qué hablar, por ejemplo, del principio de inocencia, del debido proceso o de la separación de poderes, si todos sabemos que son letras muertas que el régimen no acata. Evocando al poeta Octavio Paz no vacilemos en advertir que hoy está de cumpleaños una Constitución que es simplemente de papel.     

Fe y voluntad

Para los cristianos este mes representa regocijo porque celebramos la llegada del Niño Dios; esto quizá nos sugiera escribir sobre cuestiones alegres, pero necesariamente y a propósito de las costumbres culinarias propias de la época, hay que decir que “la masa no está para bollo”. 

Apartemos lo religioso y observemos la situación que padecemos. Luego de ubicarnos en el contexto actual es menester que no solamente tengamos fe en nuestro Dios, sino que también es imperioso tener la voluntad de superar la crisis. 

La fe y la decidida voluntad deben imponerse de tal manera que nos llenen del coraje suficiente para sobreponernos al miedo que nos mantiene paralizados. Pensar y preguntarnos: ¿de qué nos sirve vivir en un país donde nos tratarán como esclavos?, ¿queremos vivir en un país donde no existe justicia, no hay oportunidades de superación, y que además la gente tenga que ser corrupta y enchufada para satisfacer sus necesidades?, ¿es esto lo que quisiéramos dejarle a nuestros hijos? Las respuestas son obvias. Jamás alcanzaremos lo que queremos sin proponérnoslo y la única manera de lograrlo es mediante la acción. No esperes que alguien te convoque: conviértete en el convocante. 

Sin pacto no hay transición

Sé que muchos parten de la idea de que no hay que hacer absolutamente nada porque el régimen caerá solito. En lo particular no lo creo así. Probablemente, de continuar las cosas como van, iremos rumbo a un estallido social que indefectiblemente conllevará la remoción de Maduro. Eso es lo peor que pudiera sucedernos como país. Ojo, no la remoción de Maduro, sino la manera intempestiva de su separación. 

Ninguna salida en búsqueda de un mejor país debe ser anárquica, esta tiene que ser el producto de acciones dirigidas, calculadas y muy bien pensadas. La anarquía acompañada de actos vandálicos favorece el sistema que combatimos. 

Ojalá estos aires navideños inspiren a la oposición y a las personas sensatas que han comulgado con el oficialismo durante largo tiempo para reflexionar acerca del berenjenal en el que estamos sumergidos y del cual no podremos salir si no existe un acercamiento de ambos sectores: oficialista y opositor. El chavismo o madurismo aisladamente no podrá gobernar porque hay demasiado descontento. La oposición tampoco lo podría hacer porque del otro lado hay gente despiadada y armada que sería capaz de promover una guerra civil. No exagero. Lo he dicho otras veces, no es dialogar lo que se impone; es mucho más que eso. Insisto, hay que pactar la superación de la crisis. Hay que pactar el regreso a la institucionalidad. Hay que pactar restablecer el Estado de Derecho. 

Nicolás Maduro debe saber que cada día que pasa le disminuye la posibilidad de terminar su periodo constitucional. Veo su salida inminente y en poco tiempo, a menos que se comporte como un estadista, que no tengo dudas no lo es, pudiera ser que sus asesores: internos y externos, militares y civiles, lo induzcan a comportarse como tal. 

Sin pacto tampoco finaliza

Si Maduro no pacta pronto, tengan la seguridad de que no finalizará su periodo presidencial. Que nadie lo dude. Contra él hay fuertes corrientes que impulsan su desplazamiento, que dicho sea de paso, son menos enérgicas las que provienen del lado opositor a las estimuladas desde sus mismas filas. Si hay un golpe (espero que no) no será dado por la oposición. Pensar que la oposición tiene fuerza para dar un golpe es no vivir  ni entender lo que pasa en Venezuela. Maduro estará en Miraflores hasta el día que los militares que hoy son rojos rojitos así lo deseen. Presiento que están esperando el estallido social (provocado o espontáneo) para sacarlo, de ese modo quedarían como quienes tratarán de imponer orden y recuperar el legado de Chávez porque Maduro no estuvo a la altura de las circunstancias. 

Viraje económico

La política es la ciencia de lo impredecible, por esa razón no sabríamos decir qué estará tramando Castro con respecto al futuro de Maduro. El futuro inmediato de Cuba depende de lo que ocurra con Maduro. Nos imaginamos que en la sala situacional de La Habana estarán planificando acciones que lo obliguen a aplicar medidas económicas insospechables. No me refiero solamente al aumento de la gasolina ni de los impuestos que escasamente le darían una pequeñísima dosis de oxígeno. Es muy probable que estén pensando recurrir al Fondo Monetario Internacional y en consecuencia asumir las exigencias que este le imponga. 

La oposición y sus enemigos

Tirios y troyanos están preocupados por 2015. La oposición, los Ni Ni, indiferentes y con mayores motivos los que ocupan cargos en el alto gobierno están impacientes. Siendo este el panorama, lo lógico es que la oposición maneje un discurso sincero, que aunque no logre la unidad esperada, al menos se sienta la veracidad de las propuestas planteadas. Las respuestas no pueden ser para 2016, porque durante este año el pueblo estará en ebullición. No me vengan con el discursito falaz que desde la Asamblea Nacional se arreglarán todos los problemas. Supongamos que sí, pero... ¿de aquí hasta allá qué? Hay que desarrollar una idea coherente de todo lo que podemos hacer durante los doce meses que vienen. 

De igual manera como he sentido que el principal enemigo del Gobierno está dentro de su misma bancada, no puedo dudar en aseverar que en la oposición también pasa lo mismo. Necias apetencias internas impiden que la oposición se fortalezca. A Dios gracias, esas apetencias desaparecerán con los acontecimientos que están por llegar. No será cuestión de caprichos a permanecer bajo viejos esquemas los que marcarán la pauta, sino el liderazgo que se asuma en las calles y que sea capaz de capitalizar ese descontento popular que pulula en el ambiente. La situación nos impone que más allá de pensar en un eventual cargo de elección popular hay que definir las acciones para evitar que la oposición se vea como adversaria de ella misma. Nuestros adversarios están en Miraflores y en todos aquellos sitios que bajo el imperio de la fuerza tratan de mantener un modelo corrupto y fracasado. 

A Venezuela la comenzaremos a reconstruir cuando entendamos que con mezquindades y antojos caprichosos nunca se ha logrado nada. Apartemos por un momento eventuales procesos electorales y enfoquemos la mirada en canalizar las acciones que el pueblo reclama, y por muy chocante que le pueda parecer a la dirigencia tradicional, no es un nuevo Parlamento lo que la gente reclama sino una nueva Venezuela que esté gobernada por gente honesta, donde exista igualdad de oportunidades y un profundo respeto al Estado de Derecho.

@pabloaure