• Caracas (Venezuela)

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Desde hace 15 meses el ex alcalde de Chacao y líder opositor venezolano Leopoldo   López está detenido en la cárcel militar de Ramo Verde acusado por el gobierno de instigar a la violencia.

Su juicio se ha alargado desde septiembre y durante algunos meses las audiencias han ocurrido con regularidad, mientras que en otros—tal como pasó en abril—se han parado abruptamente sin aviso previo o plan de retomarlas. Las convocatorias para las audiencias no solo están a la discreción de un sistema judicial plenamente bajo el control del presidente Nicolás Maduro, sino también están cerrados a la prensa. Si uno está presente en la sala de juicio ni siquiera puede tomar notas.

Dada la calidad de la causa del gobierno, realmente no se les puede culpar del hecho de que estén alargando el juicio y eludiendo el escrutinio público. Uno de los mayores cargos del gobierno de Maduro es que López estaba sutilmente -pero insidiosamente!!- mandando mensajes subliminales fomentando la rebeldía. (¿Acaso alguien todavía cree en mensajes subliminales? ¿No pasaron de moda en los años setenta?) En una de las audiencias recientes, un testigo gubernamental, un experto en telecomunicaciones, dio como prueba de las actividades nefastas de López que en uno de los días de manifestaciones, su teléfono celular no recibió ninguna llamada doméstica pero sí varias internacionales.

Si acaso hubiese un momento estilo Perry Mason en un juicio éste lo tendría que ser,  no? ¿Llamadas internacionales? Diría yo que el tipo es culpable… pero yo recibo por lo menos seis llamadas internacionales diariamente en mi celular, de periodistas, amigos, colegas, no puedo mantener la pista. Quizás no debería ir a Venezuela.

Todo esto podría ser ridículamente risible hasta que uno conoce a sus padres. Su madre, con quien me encontré tan solo tres días después del Día de la Madre, y su padre, muestran el estrés y angustia de tener a su hijo detenido arbitrariamente y en estado de aislamiento e incomunicación. Al hablar con ellos, un padre no puede evitar imaginarse lo que ellos están experimentando: temor por la seguridad de su hijo y preocupación por lo que le está pasando. Pero también sienten orgullo por el compromiso de su hijo con valores democráticos y a su país.

Después de reunirme con ellos quedé sumamente inspirado por su orgullo familiar y su patriotismo.

Su hijo sigue haciendo frente al titular de Ramo Verde, Coronel del Ejército Homero Miranda, sin temor a las consecuencias. Y seamos francos, un gobierno que acusa a un opositor político con cargos tan absurdos, alarga el juicio y lo aísla en una celda de dos metros cuadrados, puede hacerle lo que quiera a puertas cerradas.

Y lo han hecho. Cuando cerró con llave la puerta de su celda para evitar un ataque de guardias enmascarados (como había sucedido antes), tumbaron la puerta. Cuando trataron de restringir el número de libros que podía tener en su celda, insistió en continuar su lectura cambiando los libros que había leído con otros nuevos traídos por su familia en algún tipo de parodia de biblioteca pública. Y cuando un grupo de seis guardias le dijo que se pusiera sus zapatos para que fuera movido se negó, y no hicieron nada.

Ahora que lo pienso, quizás uno de los elementos mas irrisorios de esta historia no son los cargos y la causa  judicial que el gobierno ha montado en contra de un manifestante político pacífico, sino que él sigue haciendo frente y está hasta burlándose de sus atormentadores. Es suficiente para enorgullecer a una madre (y a un padre).

*Profesor adjunto en la Universidad de Columbia y editor de LatinAmericaGoesGloba.org