• Caracas (Venezuela)

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Carlos Paolillo

Lenguaje del hombre

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La danza expresionista alemana resultó una corriente determinante en la configuración de las nuevas visiones del cuerpo creativo imperantes en Occidente a comienzos del siglo XX.

Hace 100 años las tendencias teatrales de la época buscaron recuperar el gesto cotidiano y una rítmica inherente a lo corporal a partir de los planteamientos de Delsarte y Dalcroze, además de postular una exhaustiva espacialidad escénica desde los planteamientos de Laban. Estos investigadores exaltaban el movimiento auténtico, lejos de formalismos excesivos, y urgido por las necesidades reales del nuevo hombre que emergía en medio de la cruenta conflagración mundial. 

Las voces precursoras de Mary Wigman y Kurt Jooss orientaron el camino de una danza militante dentro de los principios del cuestionamiento y la crítica social promovidos por el expresionismo en las artes. Al final de su vida Wigman afirmó: “El medio creativo que se me ha dado es este, la danza siempre y para siempre. Pude crear, inventar, encontrar mi poesía, dar forma a mis visiones, fabricando y construyendo, obrando y trabajando a partir de seres humanos”. A su vez, Jooss estableció la base de su trabajo como “la escala completa de todos los sentimientos y de todas las fases de su expresión ilimitada”. Ambos, cada uno a su manera, propugnaron una danza regocijantemente libre y hondamente dramática.

El legado de estos pioneros tuvo resonante eco varias décadas después, tiempo en que el nuevo expresionismo se decantaba con rigor y se proyectaba sin prejuicios. Era un movimiento contextualizado a mediados de los años setenta, que partía de lo esencial establecido por sus antecesores para encontrar en la danza un acto contundente de expresión humana, reflejo de angustias colectivas, para convertirlo en un código igualmente expresivo y doloroso, pero desde una perspectiva íntima y desolada.

Las enseñanzas de Wigman, sólidas pero discretas, así como las de Jooss, visionarias y expansivas, sirvieron de base inquebrantable para los aportes decisivos de Pina Bausch, Reinhild Hoffmann y Susanne Linke, tríada que señaló los nuevos rumbos de la danza expresionista, concebidos a la medida de estas tres mujeres de fuego que –cada una por separado, pero también juntas– son imprescindibles referentes de esta influyente tendencia.

En el contexto venezolano, sólidos emblemas del expresionismo alemán, algunos ya lejanos como la presencia en Caracas del Ballet Jooss y Harald Kreutzberg, otros  no tan distantes como los encuentros con Pina Bausch y Susanne Linke, antecedieron la creación de un movimiento propio en el país, representado en el proyecto ejemplar de Acción Colectiva, iniciado por Julie Barnsley hace casi 30 años. Los resultados de esta experiencia trajeron una consecuencia reveladora: la posibilidad de desarrollo de una escuela venezolana de danza expresionista nacional, establecida a partir de la alianza llamada Dramaturgia del Movimiento, que ha unido desde entonces a los creadores Miguel Issa y Leyson Ponce en torno a sus particulares concepciones sobre el cuerpo teatral.

Hoy, luego de 100 años de historia y en medio de avasallantes determinismos, incluso tecnológicos, bien vale recordar el sencillo pensamiento de Mary Wigman: “La danza es un lenguaje vivo que habla del hombre”.