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Leopoldo Martínez Nucete

El Legado de Chávez

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El legado de Chávez es esta situación de caos económico, división social, pobreza, intolerancia y fragilidad institucional. 

El legado de Chávez incluye su selección de Nicolás Maduro como sucesor. El fracaso no es exclusivo de Nicolás. Ha fracasado lo que se nos presentó históricamente como la Quinta República, y que también se ha llamado el proceso o  la revolución. Ese fracaso implica la responsabilidad política del partido político que ha sido la plataforma electoral de este sistema implantando durante 15 años: el PSUV (o el Chavismo, como también se le define).

El legado de Chávez es esta situación, con la Presidencia de Maduro incluida; cuya mas representativa expresión de confusión es su improvisada gira internacional escapista de estos últimos días.

Lo que se mostraba como justificación y logro histórico del Chavismo, un supuesto sistema de inclusión y reducción de la pobreza, se desvanece como un castillo de arena ante cada ola que baña la playa; se derrite como hielo ante los implacables rayos de sol que se asoman en la primavera. 

Tres datos que nadie puede contestar o argumentar desde el gobierno: 1) la dependencia económica del petróleo en 1998 era del 74% del total de las exportaciones de Venezuela (50% petróleo crudo, 24% productos refinados), pero hoy esa dependencia es del 90% (con el petróleo crudo representando un 65%); 2) el salario real de los trabajadores Venezolanos, que hasta el 2010-2011 era calculado a dólar oficial en 600 dólares mensuales, con lo cual se estimaba una reducción importante de la pobreza, cayó en dos años a menos de 30 dólares mensuales, con lo cual millones de Venezolanos volvieron a ser pobres según la misma metodología de las estimaciones internacionales que antes se citaban como logros; y 3) nos hemos convertido en una economía de puertos, completamente importadora, simbolizada esa debacle en el caso del café, el otro gran producto de nuestra historia económica (antes de país petrolero éramos cafetalero) y ahora, por primera vez importamos el café que consumimos.

Ante la caída de los precios del petróleo y con los presentes volúmenes de producción petrolera, la devaluación y la inflación seguirán tragándose el salario real de los Venezolano; y ante la dependencia de las importaciones subsidiadas por un sistema de cambio artificial e irracional, la escasez seguirá presente hasta que se reactive el aparato de producción nacional.

Pero hablemos un poco mas del petróleo. Maduro visita a los países de la OPEP, a Rusia y México, pidiéndoles recortar producción para defender los precios, y todos le dicen: “no querido amigo, ahora es un tema de competencia con otras fuentes de energía, y de participación del petróleo en el mercado energético. De esa nueva dinámica saldrá el nuevo punto de equilibrio en los precios, mientras tanto compitamos por mercado con precios mas bajos, que las alternativas no se podrán sostener dada su estructura de costos; e invirtamos en producir también formas alternativas de energía”. Pero PDVSA está endeudada, comprometida en cien cosas que no le corresponden incluyendo un subsidio al precio de la gasolina que cuesta 10 millardos de dólares anuales. Es una empresa politizada y burocratizada. No puede hacer lo que tiene que hacer para apalancar la salida de la crisis. Por allí comienzan las reformas necesarias.

Pero no se puede culpar de lo que sucede a la caída de los precios del petróleo. Si el modelo hubiese sido exitoso la caída de ese ingreso seria una coyuntura, una dificultad; pero nunca el factor desencadenante o el acelerador de un colapso. Un modelo exitoso, en 15 años, habría podido convertir al petróleo en la palanca de una diversificación económica, y con el tiempo habría acumulado ahorros del ingreso petrolero excedentario para enfrentar la coyuntura.

Noruega es también un país petrolero con una economía social de mercado (expresión del socialismo democrático moderno), y no está enfrentado a un colapso como el que se vive en Venezuela. En América Latina tenemos a México y Ecuador. México era un país eminentemente petrolero y hoy sólo depende en un 13% de ese ingreso; tiene que hacer ajustes, pero sigue creciendo. Y Ecuador, la que gobierno el aliado Correa, también es un país petrolero, pero su economía creció un 4% el 2014 y se proyecta con un crecimiento del 3,5% para el 2015, con inflación del 3,5%, a pesar de la caída en los precios del petróleo. ¡Qué contraste con estas colas de escasez e inflación del 80%, en medio de una contracción económica del -4%, que se viven en Venezuela!

Entonces, como lo señala acertadamente la Conferencia Episcopal en su documento de esta semana, fracasó el modelo.

El debate de ese nuevo modelo, la propuesta que indique como salir de esta pesada y asfixiante realidad es lo que debe dominar la narrativa de quienes asisten a las elecciones parlamentarias como primer paso de un gran proceso de transformación y cambios. Un proceso donde se debe derrotar electoralmente al “Chavismo” para promover un sistema que los incluya, junto a todos los Venezolanos, en un camino para el desarrollo y la justicia social.

En pocas palabras, para capitalizar el descontento hay que proponerle al país un nuevo proyecto, y las elecciones parlamentarias son un instrumento para avanzar en esa dirección. Con una nueva mayoría se puede escalar hacia el revocatorio presidencial, y desde la Asamblea Nacional se pueden hacer las reformas constitucionales o legales, con los acuerdos políticos necesarios, para enfrentar la crisis, proponiendo al país una nueva hoja de ruta.

Pero que nadie se equivoque, en el horizonte debemos imaginar un país incluyente. Una sociedad tolerante donde se alcance un gran acuerdo nacional para hacer lo impostergable, pero también para acometer reformas estructurales mínimas de las que Venezuela se ha evadido gastando irresponsablemente, una vez mas, el dinero del petróleo.

Entre tanto, nos seguimos leyendo por Twitter @lecumberry