• Caracas (Venezuela)

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José Rafael Avendaño Timaury

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El 30 de noviembre de 1952 ce celebró en Venezuela la elección de diputados para la Asamblea Nacional Constituyente. Formalmente se trataba de eso, pero la realidad objetiva señalaba a dos participantes opositores (Jóvito Villalba y Rafael Caldera) como eventuales líderes para –la transición– dirigir los destinos del país. Los milicos campeaban, una vez más, en la Junta de Gobierno a través de un civil títere que ejercía la presidencia a raíz del magnicidio perpetrado el 13 de noviembre de 1950. La mesa estaba servida –como ahora– con Consejo Electoral designado a dedo y todo el aparataje gubernamental a favor de los candidatos del gobierno a través del FEI. La oposición, por su parte, se encontraba dividida, porque AD y el PCV se encontraban ilegalizados e imposibilitados de participar. URD y Copei decidieron concurrir y postularon candidatos.

El cierre de campaña electoral efectuado en el Nuevo Circo de Caracas –en una multitudinaria manifestación y “lleno hasta la bandera”– vio ondear miles de pañuelos blancos como protesta doliente, cívica y militante por el asesinato a balazos de su máximo dirigente en la clandestinidad, Leonardo Ruiz Pineda, en una calle de Caracas.

La campaña electoral se celebró sin menoscabo de que ya había opositores asesinados, torturados, presos –en la sede de la SN, Guasina, isla maldita y lúgubre ubicada en un caño del río Orinoco, Cárcel Modelo de Caracas y Maracaibo– y en exilio. En AD, partido mayoritario y bien organizado –para ese entonces– en la clandestinidad, se discutía la orden emanada del Comité en el Exterior, presidido por Rómulo Betancourt, de abstención electoral por las características inconstitucionales, represivas y antidemocráticas del régimen. Al final se asumió la abstención como política oficial de ese partido. Así las cosas, hubo elecciones. URD –con votos adecos y comunistas– obtuvo la mayoría, Copei alcanzó un importante caudal de votos y el FEI, por su parte, una escasa votación. El Consejo Electoral, previa renuncia de su presidente, cohonestó el fraude que permitió a la minoría, “por obra de magia”, obtener la mayoría parlamentaria. Aprobó una Constitución Nacional y designó al coronel Marcos Pérez Jiménez “presidente constitucional” para el periodo 1953-1958. Previamente, el ministro del Interior convocó a su despacho a los triunfadores, Jóvito Villalba y el resto de la dirección nacional de URD, quienes cándidamente fueron apresados y conducidos en un avión fletado rumbo al exilio. Así comenzó el quinquenio presidencial –sin cortapisas– del dictador adornado por una ilegitimidad e ilegalidad innegable. Engolosinado con la experiencia previa, convocó el 15 de diciembre de 1957 a un plebiscito que nuevamente produjo el fraude esperado y se aprestó a gobernar cinco años más. El 1° de enero de 1958 aviones de guerra, Camberras y Vampiros –no tucanes– ametrallaron y bombardearon Miraflores y la sede de la SN. El 23, el tirano escuchó a su compinche milico Luis Felipe Llovera Páez: “Marcos, vámonos, porque pescuezo no retoña”, se montaron en la Vaca Sagrada y huyeron cobardemente del país.

Las elecciones de 1952 constataron que el pueblo venezolano, en su mayoría, prefiere las salidas incruentas a las cruentas. Votaron por un cambio iluso, perfectamente predecible y “legitimaron” por cinco años más una de las dictaduras más sangrientas y rapaces que haya conocido Venezuela. Los grandes cambios sociales y políticos, en una gran mayoría, provienen de directrices emanadas de minorías esclarecidas que coadyuvan a enmendar posturas inapropiadas de mayorías equivocadas de buena fe. Por ello, se convierten en verdaderos líderes y estadistas. Ese error de la mayoría de entonces cimentó la dictadura avalada por milicos durante aquellos terribles años oscuros.

La abstención electoral en la antepenúltima elección parlamentaria fue un éxito estratégico importante donde convergió la posición de las mayorías nacionales con la de los partidos existentes, que renuentemente la apoyaron. Esa ilegítima AN consolidó la gran mayoría de los desafueros a que estamos sometidos. Casi todos los partidos y esos dirigentes, en su gran mayoría, que es como decir todos, simplemente se cruzaron de brazos sin señales de protesta de calle alguna, en ejercicio cabal de política de gabinete, permitiendo así, por esa omisión perniciosa, que el gobierno nacional se cimentara y continuara con sus objetivos trazados de perpetuarse a como diera lugar en el poder.

Nuevamente recurrimos a la “terca” historia para graficar situaciones parecidas en el tiempo y en el espacio. En cuestión de días estaremos confrontando una nueva contienda electoral para designar parlamentarios nacionales. Los procesos históricos y coyunturales nunca son iguales, aunque muy parecidos. La MUD acaba de anunciar que participará mediante primarias en 39 de los 87 circuitos electorales para designar los candidatos a diputados. Los demás, que constituyen la mayoría, serán escogidos por “consenso”, que es una manera decente de distribuir la apetecida torta, por aquello de quien “da y reparte, consigue la mejor parte”. Como premio de consolación ofrecen a algunos dirigentes presos y desaforados puestos salidores para acallar su conciencia. ¿Aceptarán Antonio Ledezma, Leopoldo López y María Corina Machado esa sinuosa proposición? De ser así, serán responsables ante la historia –con la MUD y los grupos de personas, execrados de las más importantes dirigencias partidistas, en puja de codazos y zancadillas para obtener las canonjías parlamentarias en pugna– por cometer uno de los errores políticos estratégicos y de falta de valentía ciudadana más importantes del acontecer republicano.

No tengo la menor duda de que en la Venezuela actual cualquier consulta electoral, el resultado significa desaprobar la gestión gubernamental en un rango superior a 80%. Lo que reitero es que el régimen continuará su conducta de ventajismo, coacción y fraude. Jamás aceptará que el resultado electoral impoluto se traduzca en una AN fielmente cumplidora de las atribuciones constitucionales establecidas, por la sencilla razón de que eso simboliza y procura el fin de la infamia. Para ello tiene lo que Pérez Jiménez no hubo de utilizar: CNE obsecuente, TSJ que aplica torticeramente la ley, FGR, CGR y DP inútiles y la actual AN, en sus estertores, dispuesta a cometer sus últimas iniquidades. Aunque sí tiene, al igual que en 1952, de manera provocadora el apoyo del Alto Mando milico.

Si me equivoco en estas apreciaciones, ofrezco redactar un artículo reconociendo mi error. Lo haría en la semana siguiente de conocidos los resultados comiciales ciertos –sin fraude y demás artimañas– señalándoles lo acertado de su postura a los insignes estrategas que componen la MUD y demás grupitos electoreros. Les reconoceré, sin aspavientos, sus dones de líderes impolutos y estadistas en pleno desarrollo. Me inhibiré de tratar temas políticos puntuales en la prensa y me referiré solamente a aspectos históricos, filosóficos y de cotidianidad insulsa.

Si, por el contrario, acierto, les recordaré esta admonición con la debida factura. Ojalá no se les ocurra acudir al TSJ, plantear el referéndum revocatorio en 2016, explicar que “la luna no es pan de horno” o esperar cómodamente sentados, en los pocos curules obtenidos, lo que la suerte les depare.

 

cheye@cantv.net

@CheyeJR